lunes, 17 de octubre de 2011

¿PLAN ECONÓMICO O MAQUILLAJE PARA ZAFAR?


Cuando seriamente hablamos de un plan económico es elemental fijar primero cual es el objetivo que pretendemos alcanzar. A partir de allí se instrumentan (teniendo en cuenta la situación actual y las restricciones que ella implique), los planes de corto plazo que nos permiten alcanzar sucesivamente metas intermedias, las que serán verificadas dentro del tiempo previsto o en caso contrario se tomarán las correcciones correspondientes para evitar desviarnos del camino que nos lleve a la meta final.

Salvo los dos planes quinquenales de las décadas del 40/50 y el plan trienal de l974/77, jamás hasta el día de hoy hemos contado con un instrumento que nos indique el camino del crecimiento sustentable. Si, tuvimos (contra nuestro deseo) planes de destrucción sistemática de la economía argentina, enajenación y extranjerización de nuestros recursos naturales, servicios públicos y lo poco que queda de nuestra industria, acompañado por un fuerte endeudamiento externo los que nos ha convertido, siguiendo al Doctor Julio C. González, en un “territorio tributario”.-

Se habla de la reducción de nuestra deuda externa pública, la que según datos oficiales se ha reducido en términos brutos de 191.296 MD a 126.567 MD con una significativa baja en los servicios por intereses.

La pregunta es: ¿hablan en serio o creen que no existen personas capaces de desentrañar lo hecho?

La deuda externa pública a fines de l975 rondaba los 4.000 MD y se fue incrementando a partir de l976, no se ha hecho ninguna inversión pública de trascendencia desde esa fecha y además entregamos todos los activos públicos como parte de pago de la misma y llegamos a marzo de 2005 con una deuda de 126.567 MD.

No hace falta hacer cálculos de ninguna naturaleza ya que con el sentido común sobra para saber que la ecuación no cierra.

Además el Juez Jorge Ballesteros, en la causa Alejandro Olmos contra el estado Nacional, declara en un fallo histórico, fraudulenta e ilegitima la deuda contraída a partir de 1976. El fallo respectivo duerme el sueño eterno en nuestro Congreso Nacional a la espera de continuar el trámite legislativo y los reclamos posteriores.

Hasta el día de la fecha, salvo honrosas excepciones, ninguna bancada se ha ocupado de un problema que es vital para el futuro de la nación. Tampoco lo ha hecho el poder ejecutivo y los medios de comunicación, en complicidad, mantienen oculta la información.
Se dice que se ha terminado la especulación en la Argentina, no a la patria financiera. Sin embargo en el mes de septiembre el Merval informaba la entrada, hasta esa fecha, de 2.000 MD que se cambiaron por pesos para invertirlos en Letras del BCRA ajustables por el CER y con 2,5 puntos de interés. Estando el tipo de cambio clavado, esto nos recuerda la bicicleta de los tiempos de Martinez de Hoz y su seguro de cambio o del 1 a 1 de la década del 90, cambiar divisas por pesos invertir a tasas de interés inexistentes en el mundo civilizado y luego transformar capital e intereses en divisas y volar al exterior.

Esta breve síntesis relacionada con la especulación financiera y el refinanciamiento de una deuda inexistente, nos permite intuir que, en ese aspecto, nada ha cambiado sustancialmente.

Pasemos al tema central: la existencia o no de un plan económico que permita el crecimiento de la economía en forma sustentable y con equidad en la distribución de la riqueza.

A modo de recordatorio (o aclaración para los neófitos) la riqueza que genera una economía se mide por el valor agregado. ¿Que agrega valor?, fundamentalmente la tecnología y el trabajo. La primera es la base de la innovación tanto en los métodos de producción como en el diseño de los bienes a producir y el segundo, en una definición amplia es lo que se denomina capital humano, productor de diseños, administración empresaria, marketing, etc.

Esto no es novedad para nadie que tenga nociones elementales de economía. Ya en el siglo XVIII Adam Smith había dicho que la riqueza de una nación no se mide por el oro que acumula sino por los bienes que produce. Nuestro primer economista el Doctor Manuel Belgrano decía en 1802: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse... y aún traer las materias primas del extranjero para elaborarlas y después venderlas” o sea en nuestra terminología actual se refiere a la exportación de valor agregado. Alejandro Bunge en las primeras décadas del siglo pasado afirmaba que el modelo agro-exportador estaba agotado y era necesario desarrollar tecnología como base para la industrialización.

Nuestros intentos industrializadores desde fines de la primer década del siglo XX motivado por la primer guerra mundial y que alcanza su punto culminante entre 1946 y l955, comienza a decaer en la década del 60 y a ser destruido sistemáticamente a partir de 1976.

Comenzamos el siglo XXI como país fundamentalmente exportador de materias primas y manufacturas de origen agropecuario, la industria (con muy poco valor agregado) participa con aproximadamente el 30% del valor total de las exportaciones.

Carecemos de una clase industrial nacional relevante y no tenemos tecnologías propias ni aún para el procesamiento de alimentos a pesar de estar considerado nuestro país como el principal productor potencial de alimentos del mundo. Y lo más grave de la situación es que no existe un plan sistemático de formación de científicos y técnicos, por lo tanto no nos estamos capacitando para desarrollar tecnologías.
A los países que salieron del sub-desarrollo, Corea del Sur, Taiwán, Irlanda, Singapur, entre otros, el proceso para alcanzar un grado de desarrollo tecnológico que les permitió llegar a estar en condiciones de competir con los países desarrollados les demandó más de veinte años, con una activa participación del sector público en el manejo de la política cambiaria, arancelaria, educativa, etc.

Nosotros todavía no empezamos a pensar en como hacerlo, ni siquiera si lo vamos a hacer. De ello se infiere que nos espera un porvenir poco promisorio por lo menos para las próximas dos décadas, agravado por lo que se ha mencionado anteriormente relacionado con el endeudamiento, la bicicleta financiera y la entrega y el saqueo de nuestros recursos naturales.

De la breve síntesis expuesta podemos sacar algunas conclusiones que nos permiten comprender la situación actual y la proyección hacia el futuro de la economía argentina:

1) El 70% del valor de nuestras exportaciones son bienes primarios, manufacturas de origen agropecuario y combustibles, el resto son manufacturas de origen industrial en su mayor parte con muy poco valor agregado.
2) Carecemos de una estructura industrial que permita que la producción primaria y manufacturera pueda proveerse de bienes de capital e insumos de origen nacional.
3) Carecemos de científicos y técnicos que puedan desarrollar las tecnologías necesarias para corregir lo expuesto en el punto anterior y no se percibe la voluntad política de cambiar esta situación.
4) Los puntos 3 y 4 explican porque el 80% de nuestras importaciones estén compuestas por bienes de capital, repuestos y accesorios y principalmente por insumos.

Queda así al descubierto que la economía argentina es una economía dependiente y con una fuerte vulnerabilidad en el sector externo.- Tenemos una “necesidad de importar” que depende de la evolución del PBI y de la elasticidad producto de las importaciones.- El valor de la elasticidad / producto es de aproximadamente 4, o sea que por cada 1% de crecimiento del PBI las importaciones crecen el 4% en forma inexorable.

Para hacer frente a esta necesidad de importar contamos con las divisas provenientes de las exportaciones. El valor de nuestras exportaciones depende de: a) Los saldos exportables que se generen; b) La demanda internacional de los bienes que exportamos; c) De los precios internacionales de los bienes exportados.

Los saldos exportables dependen de condiciones climáticas, que por razones obvias no son programables ni manejables y del consumo interno ya que los bienes que se exportan en su mayoría son bienes de consumo de primera necesidad. Por lo tanto si el 38% de nuestra población se encuentra bajo la línea de pobreza y el 14% bajo la línea de indigencia, eliminar estos dos flagelos reduciría el saldo exportable.- La demanda internacional depende de los niveles de producción de EEUU, la Unión Europea, Canadá, Australia y otros grandes productores. Lo mismo ocurre con los precios internacionales los que se caracterizan por su volatilidad. En el primer semestre de este año el precio promedio de nuestras exportaciones ha bajado.

Desde el año 2003 la economía argentina crece hasta nuestros días a un promedio del 9% anual lo que arrojaría un crecimiento acumulado en el trienio 2003/2005 del 20%. El valor de las exportaciones alcanzaría un crecimiento del 53% mientras que el de las importaciones llegaría al 235% debido al fuerte crecimiento de los años 2003 y 2004 fundamentalmente por la importación de bienes de capital, en este último año el incremento esperado es del 32% aproximadamente o sea 3,6% por cada 1% de incremento del PBI, situándose dentro de los valores medios de los períodos anteriores.

Un análisis serio y fundamentado con información del INDEC, Banco Central de la República Argentina y Ministerio de Economía y Producción y aplicando criterios metodológicos correctos permite proyectar la evolución de nuestro sector externo y por inducción cual puede ser el crecimiento en los próximos años.

Para ello se debe evitar caer en el análisis superficial y pecar de triunfalistas suponiendo que el crecimiento de estos tres años con superávit comercial y superávit en cuenta corriente se debe a un supuesto programa o plan económico que nos lleva por el camino del crecimiento sostenido y que hemos dejado atrás la argentina de las crisis provocadas por el endeudamiento y los déficit gemelos (balance de pagos y presupuesto nacional). Lamentablemente esas afirmaciones distan mucho de lo que realmente esta ocurriendo, la Argentina padece de una crisis crónica que por momentos se oculta hasta que nuevamente se pone de manifiesto, así sucesivamente a los largos de muchas décadas.

Esta crisis tiene una fuerte raigambre estructural y si no atacamos esos problemas estructurales, los que ya han sido mencionados, no podremos terminar con la crisis. Tenemos un límite para nuestro crecimiento autónomo que esta dado por la reversión del saldo de la cuenta corriente, cuando ello ocurre, podemos continuar creciendo compensando el saldo negativo de la cuenta corriente con entrada de capitales por colocación de deuda pública o inversiones directas, estas últimas, como quedo en evidencia por la salida de mas de 40.000 MD durante los años 2001/2003, pueden ser inversiones especulativas (capitales golondrinas) o inversiones productivas ya sea por la compra de empresas existentes o explotaciones de recursos naturales con facilidades impositivas y utilizando tecnologías que abaratan costos pero depredan el medio ambiente a la par de los recursos naturales.

Creo que no resulta redundante en insistir que falta voluntad política de cambiar este estado de cosas. Esta pendiente el tratamiento legislativo del fallo de Juez Ballesteros como ya lo he mencionado, la creación de un Banco de Desarrollo (mejor dicho la recreación) con el objeto de brindar financiamiento accesible a las Pymes, un plan coherente de desarrollo tecnológico con una activa participación del sector público, la derogación de la ley 24.196 de inversiones mineras, etc.

Como conclusión, considero que se debe dejar de lado la visión miope del corto plazo y el análisis enfocado desde el punto de vista político partidario y comenzar a pensar en la formulación de un verdadero plan económico que sea sustentable en el largo plazo y nos permita alcanzar la independencia económica con justicia social.-

Dr. Lic. Jorge H. Putica

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