jueves, 5 de marzo de 2015

Nisman no se suicidó. A Alberto Nisman lo mataron", aseveró la jueza federal de San Isidro.

La magistrada señaló que se detectó "una mínima ingesta de bebida alcohólica", de modo que "los trascendidos públicos que afirman que Nisman estaba alcoholizado al momento de su fallecimiento no son certeros".

"La posición en que fue encontrado el cuerpo no fue la final, no fue la de la muerte. El cuerpo ha sido movido", señaló después Arroyo Salgado y rechazó una conclusión de la autopsia realizada, según la cual "el cadáver de Nisman presentaba el signo del espasmo cadavérico en la mano derecha".

"Podemos afirmar que ese signo no existió. El mecanismo de este signo posmortal", afirmó, para descartar la hipótesis de suicidio.


 

China convertida en banquero de la región latinoamericana

 


A lo largo de 2014, los bancos chinos otorgaron créditos a América Latina por un total de 22.100 millones de dólares, de acuerdo con la base de datos publicada por Diálogo Interamericano (1). Ante la desaceleración de la economía mundial y el aumento de las tensiones geopolíticas, para China se ha vuelto imperativo fortalecer sus vínculos con los países que poseen recursos naturales abundantes (petróleo, gas, metales, minerales, agua, biodiversidad, etcétera).

Casi todos los préstamos emitidos correspondieron a las entidades China Development Bank y China Ex-Im Bank, aunque también participaron ICBC y Bank of China. A pesar de que no se tomaron en cuenta los créditos menores a 50 millones de dólares, la cifra reportada constituye un incremento de más de 70% en comparación con los 12.900 millones de dólares prestados en 2013.

A partir de 2005 (cuando la base de datos elaborada el Diálogo Interamericano comenzó sus primeros registros) y hasta 2014, China ha concedido préstamos a los países latinoamericanos por un monto de 119.000 millones de dólares (2). Los créditos de China superan el monto concedido por el Ex-Im Bank de Estados Unidos, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, situación que contribuye a debilitar la hegemonía financiera de Washington en la región (3).

El otorgamiento masivo de crédito pone de manifiesto asimismo, la estrecha cooperación que China ha cultivado con los países latinoamericanos. En la cumbre más reciente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC, conformada por 33 países), el presidente de China, Xi Jinping, anunció que para 2020 está previsto que el comercio entre ambas partes alcance los 500.000 millones de dólares anuales con inversiones por encima de los 250.000 millones de dólares. (4)

Asimismo, hay que destacar la construcción de asociaciones estratégicas con algunos países sudamericanos, mismos que concentraron 90% de los créditos otorgados el año pasado: Brasil se consolidó como el principal receptor con 8.600 millones de dólares, seguido por Argentina con 7.000 millones, Venezuela, con 5.700 millones, y finalmente Ecuador, con 820 millones de dólares.

Después de la crisis de las empresas informáticas en Estados Unidos, los bancos centrales de los países industrializados impulsaron la expansión del crédito en escala global. El aumento de los precios de las materias primas desde 2002, hizo de América Latina una de las regiones favoritas para los inversionistas en busca de espacios de alta rentabilidad.

A más de seis años del estallido de la crisis financiera de 2008 y, frente a la extrema volatilidad de los mercados financieros producida por el aumento de la fragilidad sistémica, los chinos terminaron por convertirse en los banqueros favoritos de las economías emergentes toda vez que, en comparación con los bancos estadounidenses y europeos, ofrecen préstamos con menos condicionalidades y tasas de interés más bajas. De acuerdo con estimaciones realizadas por Fred Hochberg, el presidente del Ex-Im Bank de Estados Unidos, las entidades estatales chinas han colocado aproximadamente 650.000 millones de dólares alrededor del mundo en los últimos 2 años.

Sin embargo, también existe la cara perversa de la moneda. Todo parece indicar que los créditos chinos a cambio de entregas futuras de materias primas, más que apuntalar el desarrollo tecnológico, están orientados a proyectos de inversión vinculados a la extracción (agricultura, minería, energía, etcétera.) y con ello, corren el riesgo de profundizar el patrón primario-exportador de las economías latinoamericanas y multiplicar las amenazas de despojo en contra de los pueblos originarios.

Por otro lado, en una entrevistada por Deutsche Welle, Kevin Gallagher, el académico responsable de la base de datos de Diálogo Interamericano, advierte de los riesgos crecientes que se ciernen sobre los países de América Latina para liquidar oportunamente sus deudas con el gigante asiático. (5)

La caída de las monedas de la región frente a la divisa estadounidense, así como la deflación persistente (caída de precios) en el mercado de materias primas, han impulsado el aumento de las importaciones y en consecuencia, la disminución de los saldos superavitarios (cuenta corriente) de las economías más orientadas a la exportación. Previsiblemente, la rentabilidad de los proyectos de inversión vinculados a la extracción disminuirá de manera significativa en los meses venideros.

Es que si la desaceleración de los países emergentes cobra fuerza, posiblemente hará fracasar el espíritu de la cooperación económica Sur-Sur entre China y América Latina. En medio de la crisis, existe el peligro de que los bancos chinos apliquen bajo diversas formas, los mecanismos de coerción imperial aplicados tradicionalmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la región latinoamericana.

- Ariel Noyola Rodríguez es economista egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México.

miércoles, 4 de marzo de 2015

miércoles, 4 de marzo de 2015

El gobierno y la oposición no quieren discutir la apertura de los archivos de la SIDE-AFI. “Causa AMIA-Nisman: Del proyecto de APEMIA no se habla”

TPR

Desde la Tendencia Piquetera Revolucionaria apoyamos la conferencia de prensa de APEMIA y llamamos a movilizarnos este 24 de marzo con la izquierda y los luchadores.

En su discurso, luego de usar un tono y un contenido absolutamente capitulador con la oposición pro-imperialista, Cristina se enfureció por la presencia de carteles referidos al reclamo de la AMIA y dijo que a ella ‘no le vengan a hablar de la AMIA porque ella habla de la AMIA desde 1994’.

Consultada sobre el exabrupto de la presidenta, Luciana Ginsberg, dirigente de la Tendencia Piquetera Revolucionaria e hija de Laura Ginsberg y José Enrique Ginsberg, víctima de la masacre impune de la AMIA, declaró: “Lo que le molestó a Cristina no fueron los carteles o ‘que se hable de la AMIA’ sino que se pongan en debate los planteos del proyecto de ley de APEMIA. A Cristina lo que le molesta es nuestro reclamo: apertura de los archivos y comisión investigadora independiente. Su enojo, por lo tanto, confirma que la presidenta se reconoce como opuesta al movimiento de familiares contra la impunidad. Por el contrario, desde la TPR, saludamos que se hayan puesto en discusión los planteos del proyecto y denunciamos el pacto existente entre los principales bloques parlamentarios para que éste no tenga estado público. Entendemos que esta es la herramienta fundamental que debe ser desarrollada para que haya justicia, contra la política de espionaje e impunidad que desenvuelve el gobierno. Reclamamos, en este sentido, que sea aprobado en comisión y sea puesto a discusión en una sesión plenaria del Congreso de la Nación. Queremos hablarle a Cristina de la AMIA. Queremos que en la Argentina y el mundo se hable del proyecto de APEMIA y se hable cada vez más. Por todo esto, llamamos a apoyar el proyecto de ley presentado por APEMIA y a movilizarnos el próximo 24 de marzo por la disolución de TODOS los servicios, la apertura de los archivos y su entrega a una comisión investigadora independiente”

“CristinaVSCristina”: PRO-Imperialismo por partida doble

En relación a las múltiples observaciones que hizo la presidenta sobre la causa AMIA, Luciana Ginsberg señaló: “Cristina pretende embaucar a los argentinos con una multitud de datos. La realidad es que se trata de un relato a la medida del imperialismo. Tan plagado de contradicciones fue su discurso que, con sólo minutos de diferencia, reflotó la acusación a Siria por el atentado a la AMIA sin bajarse de la acusación a Irán. Esto no sólo es absurdo, porque no puede señalarse dos líneas de investigación excluyentes y contrapuestas sin dar explicación alguna, sino que sobre todo es proimperialista ‘por partida doble’. Lo digo de esta forma porque la contradicción no es casual: Cristina pretende ocultar su seguidismo a los distintos virajes de la política exterior de Estados Unidos. Ayer contra Siria, luego contra Irán y ahora de vuelta contra Siria. De hecho, Cristina destaca las ‘contradicciones de Nisman’ pero no explica las suyas propias. En ambos casos, las contradicciones tanto de Nisman como de Cristina reflejan los choques entre el Partido Demócrata y el Republicano sobre qué orientación debe tomar el imperialismo yanki frente Irán. Por el contrario, desde la TPR decimos ¡Fuera Estados Unidos de la causa AMIA-NISMAN!”

Impostura de toda la oposición patronal: Cuando fueron gobierno, mantuvieron cerrados los archivos. Ahora, rechazan que se ponga a debate en el Congreso
A su vez, la dirigente de la TPR denunció la impostura de la oposición patronal que pretende ocultar su complicidad con la impunidad. Ginsberg sostuvo que “si hubo algo peor que el ataque del gobierno al proyecto de APEMIA, fue la impostura de la oposición patronal que pretendió auto-exculparse de su responsabilidad en la impunidad de estos 20 años. Por eso queremos llamar a la memoria: no nos olvidamos que la UCR, el partido del mismo Morales que hoy dice estar a favor de la apertura de los archivos, fue gobierno y no hizo nada por llevar adelante esta reivindicación. No es casualidad: manteniendo cerrados los archivos de la SIDE buscan encubrir su responsabilidad en la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001, en la cual asesinaron a decenas de compañeros. Eso, sin mencionar que del proyecto de APEMIA no dicen una palabra. Tampoco nos olvidamos que el PRO de Macri gobierna la Ciudad de Buenos Aires y que pusieron al Fino Palacios al frente de la Policía Metropolitana mientras profundizaron la persecución y el espionaje contra los luchadores a través de espías como Ciro James. Nada más opuesto a la apertura de los archivos. Menos aún nos olvidamos de Massa, quien supo ser Jefe de Gabinete de Cristina y que nada dijo sobre la lucha por justicia por la AMIA. Hoy, es quien levanta el reaccionario planteo del juicio en ausencia y que pone la causa AMIA al servicio de la avanzada del imperialismo yanqui sobre Medio Oriente. Todos estos planteos tienen un denominador común: la negativa a discutir el proyecto de APEMIA.”

Frente al discurso de Cristina sobre la AMIA, el Frente de Izquierda fue una nulidad política. Llamamos a que terminen con su pasividad y apoyen el proyecto de APEMIA

Por último, en relación al debate con la izquierda, la dirigente de la TPR indicó “el Frente de Izquierda estuvo completamente paralizado frente al debate que se procesó durante el discurso. Lejos de ponerse a la cabeza de la defensa del proyecto de APEMIA y, en ese sentido, ocupar el espacio político que les corresponde, le dejaron este lugar a la Unidad Popular de Claudio Lozano, que si bien tuvo el mérito de haber dicho ‘comisión investigadora independiente’ y ‘apertura de los archivos’, no colocó la consigna de ‘aprobación del proyecto de APEMIA’ en los carteles, cuyas fotos y videos recorrieron el país. Para peor, Lozano no se privó de aplaudir a Cristina cuando la presidenta dijo que ‘el atentado no fue contra la comunidad judía sino contra el pueblo argentino’. Desde la TPR no aplaudimos a Cristina porque rechazamos que haya alguna ‘causa nacional’ que nos una con el gobierno y la oposición pro-imperialista. A diferencia de Lozano y la UP, no aplaudimos a quienes son cómplices de la impunidad. En este sentido, llamamos al Frente de Izquierda a terminar con la parálisis funcional a la centroizquierda proimperialista y apoyar el proyecto de APEMIA, como lo hicimos desde el primer momento como TPR, exigiendo la apertura de los archivos y su entrega a una comisión investigadora independiente. Con estas consignas, desde la Tendencia Piquetera Revolucionaria llamamos a movilizarnos el próximo 24 de marzo con la izquierda y los luchadores”.

martes, 3 de marzo de 2015

Medios de comunicación, globalización y política: ¡La mentira al poder!

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)



Introducción

Según la tradición aristotélico-tomista, la realidad es una y dada desde siempre, puesta en forma indubitable a la espera de que el ser humano se contacte con ella. La realidad existe en definitiva, independientemente del sujeto que se relaciona con ella. En este marco, la verdad es la “adecuación del sujeto que conoce con la cosa conocida” (adaequatio intellectus et rei decían los escolásticos). La cosa, la realidad, está a la espera de que el sujeto se dirija a ella para aprehenderla y conocerla, por medio de sus sentidos y de la razón. Durante dos milenios, ésta fue la idea dominante dentro de la tradición occidental. Y es la concepción que sigue prevaleciendo en el sentido común. El peso está puesto en la realidad objetiva.

Desde el Renacimiento y a partir del cambio de paradigmas que se produjo en aquel fabuloso momento histórico de la humanidad, la noción de la realidad ha variado. En el mundo moderno y dentro del nuevo ideal de ciencia copernicana, la realidad pasa a ser “construcción”; es decir, producto de la forma en que el sujeto se relaciona con la cosa. La realidad deja de ser una, única, inobjetable. Llegados al presente, con el desarrollo de un pensamiento que se descentra cada vez más de la realidad objetiva como garantía misma de su existencia dada por un ser supremo creador, con un pensamiento mucho más centrado en el sujeto, interesa fundamentalmente el proceso de “construcción” de esa realidad. Los datos de las distintas ciencias sociales y de una epistemología que rompe vínculos con la tradición aristotélica ponen el énfasis en la relatividad de la realidad: la misma pasa a ser entendida como construcción histórica y, por lo tanto, cambiante, variada, siempre relativa. El peso ahora está puesto en el sujeto y en las relaciones que establece con la cosa. Así como una botella está medio vacía o medio llena, según el punto de vista, así comienza a entenderse esta nueva visión de la realidad. La verdad deja de ser un absoluto.

Todo lo anterior ayuda a entender que la realidad de la que queremos hablar en términos políticos es construida, no es absoluta ni terminada. Lo político, en tanto esfera en donde se juegan relaciones de poder entre grupos humanos, no es una realidad dada de antemano, asegurada por Derecho Divino, única e indubitable. Esa realidad política es producto de la historia y, por lo tanto, cambiante, dinámica y en perpetuo movimiento. En esa construcción, más allá de la bienintencionada idea de paz y rechazo de la violencia, el conflicto juega un papel determinante. La historia, la realidad política en definitiva, es producto de una conflictividad estructural. “La violencia es la partera de la historia”, se ha dicho como síntesis de esta relación y construcción. La realidad política tiene que ver con el juego de poderes que se va estableciendo, el que a su vez se encuentra, como ya se indicó, en continuo cambio. Por otra parte, la forma de la realidad tampoco es ingenua ni neutra. Lo que se sabe de la realidad política -que es una realidad social y por lo tanto determinada por factores sociales, económicos en principio, así como culturales en sentido amplio- es que ésta siempre es una construcción hecha desde el ejercicio del poder. Lo que se piensa, se sabe y se dice es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo.

Un pequeño grupo de pensadores -generalmente plegados a los poderes dominantes- es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayorías luego repiten. Dicho de otra forma: “El esclavo siempre piensa con la cabeza del amo”. O también: “La ideología dominante de una época es la ideología de la clase dominante”. El pensamiento político es el reflejo de las luchas de poder que estructuran toda sociedad y le confieren dinamismo. Un pequeño grupo de pensadores -generalmente plegados a los poderes dominantes- es el que tiende a conceptualizar, organizar y dar forma a lo que las grandes mayorías luego repiten. En relación con lo anterior, algo inédito en la historia y que viene marcando una tendencia cultural desde inicios del siglo XX es el papel que juegan los medios masivos de comunicación modernos. Lo que la gran mayoría piensa, o más concretamente “piensa en términos políticos-ideológicos”, proviene cada vez más de esos medios comunicacionales: prensa escrita primero, luego radio, después televisión (con una fuerza arrolladora) y, actualmente, toda la diversidad de medios audiovisuales, incluidos el internet y los videojuegos. Los llamados mass media han crecido hasta convertirse en una especie de nuevo medio ambiente que hace que para muchas personas ya no haya otra realidad relevante que la que esos medios producen. Según una publicación de la empresa encuestadora estadounidense Gallup (no sospechosa de pensamiento crítico y de ideología de izquierda), 85% de lo que un adulto urbano promedio “sabe” hoy día sobre su realidad política proviene de esos medios masivos de comunicación, ante todo de la televisión. Es ya sabido (aunque sea una frase hecha -pero no por ello menos importante-) aquello de “si no está en la televisión, no existe”. Lo anterior caracteriza la realidad política actual: los medios de comunicación, tradicionalmente el “cuarto poder”, han incrementado drásticamente su importancia. Hoy en día constituyen uno de los factores del poder mismo, ya que construyen la realidad político-ideológica a escala planetaria. Buena parte de las apreciaciones sobre esa realidad es producto prefabricado que esas usinas culturales elaboran, cada vez con mayor sutileza y con mayor esmero.

El primado de la televisión

Para precisar mejor el razonamiento considerado en los párrafos precedentes, convendría realizar un pequeño recorrido por el medio de comunicación que más ha impactado a escala global en la población: la televisión. Sin duda, es uno de los inventos que más ha influido en la historia de la humanidad. Su importancia es tan grande -desproporcionadamente grande podríamos decir- que influye los cimientos mismos de la civilización: es la expresión máxima de los medios masivos de comunicación, parte medular de la cultura, de esta sociedad que llamamos hoy “sociedad de la información”. Lo es, de hecho, en forma cada vez más omnipresente, más avasallante. Sin temor a equivocarnos, es posible afirmar que el siglo XXI será el siglo de la cultura de la imagen, de la pantalla, cultura que ya se entronizó en las pasadas décadas del siglo XX y que, tal como se ven las cosas, parece afianzarse con más fuerza y sin posibilidad de retroceso. El “¡no piense, mire la pantalla!” parece haber llegado para quedarse. Hoy en día, esa pantalla ya no es sólo la televisión, tenemos también los teléfonos celulares, las agendas electrónicas y las sofisticaciones del plasma líquido que florecen por todas partes. En definitiva, la imagen va envolviendo cada vez más al público, según el modelo televisivo. Cuando la televisión se masificó, se inició también el debate sobre si, por fin, ese medio encarnaría el sueño de la educación al alcance de la población, si se convertiría en información veraz y objetiva sobre la realidad mundial, cultura para todos, programas de debate, aporte a las ciencias y a las artes. Luego de varias décadas de desarrollo, parece que ninguno de estos ideales se ha realizado (quizá muy poco a través de estos medios audiovisuales, pero menos aún en el caso de la televisión). Ello no sólo porque a la mayor parte de la población “no le interesa” este tipo de inquietudes -aunque sería un tanto superficial presentarlo así- sino, fundamentalmente, porque a quienes hacen televisión -más aún, a quienes la dirigen- parece importarles menos que a nadie. Como señaló el músico cubano Pablo Milanés: “El mal gusto está de moda”. Y se da ahí un círculo vicioso: ¿el público consume “basura mediática” porque eso recibe o es difícil (casi imposible) producir algo masivo (durante 24 horas al día los 365 días al año) con altos niveles de calidad? Con el transcurso del tiempo, la televisión ha sido más criticada pero, al mismo tiempo, es más consumida. Prácticamente desde el momento mismo de su aparición, no fue un medio informativo ni educativo; constituyó una fuente de entretenimiento y terminó siendo el centro de todo hogar moderno. Así, al igual que no se piensa dos veces si se compra una licuadora o una cama cuando una pareja de recién casados estrena residencia o cuando un joven se independiza, tampoco se deja de pensar en comprar un televisor. Hoy en día, incluso en los hogares de clase media es “obligado” contar con más de un aparato. Tal “objeto” se ha convertido en parte esencial de la vida de los seres humanos, ricos y pobres, urbanos o rurales, varones o mujeres, jóvenes o adultos. Se calcula que actualmente están funcionando no menos de 2.000 millones de aparatos televisivos y la tendencia es a seguir creciendo.

La televisión construye un mundo virtual muy especial. El poder de convicción de las imágenes hace que a menudo éstas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. En las modernas sociedades masificadas, en las que se aglomeran enormes cantidades de seres humanos que están paradójicamente muy separados unos de otros dados los patrones de individualismo y consumismo hedonista que el capitalismo ha impuesto -“es más fácil para la mayor parte de la gente encontrar un dinosaurio que un vecino”, dijo sarcástico A. Touraine- el elemento que une a esas grandes masas dispersas pasó a ser la televisión. Si “religión” quiere decir re-ligar, unir, no cabe dudas que este nuevo dispositivo tiene un valor “religioso” en las actuales sociedades.

La televisión construye un mundo virtual muy especial. El poder de convicción de las imágenes hace que a menudo éstas reciban un estatus de realidad superior al de la realidad misma. El punto de partida para entender esto es la dificultad que el sistema nervioso en su conjunto tiene para distinguir las imágenes de la realidad de las imágenes virtuales o de representación de la misma. Por ello es que lloramos viendo una película de ficción o nos emocionamos con los anuncios de bebidas. El cerebro ha ido evolucionando en los organismos más complejos, incluida la especie humana, basándose en la credulidad de lo que ve. Todo el mundo sabe que añadir una imagen a una noticia cualquiera le confiere un carácter de mayor veracidad. Las informaciones icónicas producen en el cerebro la sensación de ser algo intrínsecamente creíble. A lo largo de la evolución, no ha sido necesario desarrollar la capacidad de discriminar las imágenes virtuales de las reales, puesto que las primeras no existían o eran poco relevantes (espejismos, reflejos en el agua). La aparición de la realidad virtual cambió, en gran medida, la historia humana. La memoria tiene dificultades para distinguir la procedencia de las imágenes mentales que posee. De dónde proviene, por ejemplo, la idea que se tiene de la nieve si se vive en el trópico, ¿de la experiencia personal o de las películas que se han visto? Y la idea de la Edad Media, ¿de la imaginación, de los textos leídos o de las imágenes vistas? ¿Y la idea de un sindicalista? ¿La de los indígenas? ¿La de la guerra? ¿Cómo llegamos a los conceptos de los “buenos” y los “malos”? (los primeros, siempre blancos; los segundos, negros, indígenas, musulmanes).

En síntesis, la televisión influye más sobre la humanidad que todo el arsenal nuclear. La televisión crea la realidad cultural en la que nos desenvolvemos hoy día, con más fuerza que la familia, las iglesias o la escuela formal. Según apreciaciones de la UNESCO, en unas pocas generaciones más, el peso de la cultura virtual habrá desalojado la importancia de la escuela tradicional. La dificultad para distinguir entre imágenes reales y virtuales, junto con el aislamiento social y el tiempo dedicado a ver televisión (en promedio, dos horas diarias para un adulto y cuatro horas y media para un niño), borra las fronteras entre realidad y ficción e invierte el referente para conocer quiénes somos, cómo es la realidad y cuál es el mundo deseable. Por supuesto, a los círculos que detentan el poder, lo anterior les resulta “como anillo al dedo”. De allí seguramente el crecimiento exponencial de la televisión como pocos, o ningún otro, avance científico del siglo XX. Siguiendo esta misma línea, el resto de dispositivos audiovisuales como el internet se perfila como uno de los núcleos principales en torno al que ya se está tejiendo la vida del siglo XXI.

Para mantener la atención, el negocio televisivo transforma todo lo que trata en espectáculo. El discurso político, el conocimiento, el conflicto, el temor, la muerte, la guerra, el sexo, la destrucción, entre otras, pasan a ser fundamentalmente espectáculo, comedia, “show!”. El espectador es acostumbrado a ver el mundo sin actuar sobre él. Al separar la información de la ejecución, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las relaciones, se crea un estado de aturdimiento, indefensión y modorra que propicia el crecimiento de la parálisis social. Como tecnología de implantación de imágenes en el sistema nervioso central, la televisión permite hablar directamente al interior de la subjetividad de millones de personas y depositar en ellas imágenes (que difícilmente se pueden modificar) capaces de lograr que la gente haga lo que de otra manera nunca hubiera pensado hacer. No olvidemos la ley de John Kenneth Galbraith: “Se publicita lo que no se necesita”. Es dable preguntarnos entonces ¿cómo se ha logrado suprimir las diversas maneras de comer que existían en los distintos territorios y culturas y sustituirlas (en una tercera parte del planeta) por hamburguesas de McDonald’s o vasos de Coca-Cola? Sólo una tecnología como la televisión podría ser capaz de lograrlo con la eficacia mostrada en el escaso margen de pocas generaciones, lo que no logró ninguna iglesia ni partido político. Aunque la televisión se inventó en la década de 1920, se desarrolló como tecnología de implantación masiva de imágenes, coincidiendo con el período de mayor bonanza y acumulación capitalista tras la Segunda Guerra Mundial, liderada por la gran potencia hegemónica: Estados Unidos.

La televisión, la economía y el poder

En estos momentos, la televisión es ante todo: a) vehículo de los grandes capitales para la promoción de sus productos y b) arma ideológica de control social implementada por los grandes centros de poder. Secundariamente, existen otras acciones para transformarla en medio educativo. El “socialismo real” en su momento o las propuestas alternativas para construir otro tipo de televisión no lograron torcer mucho este rumbo. Arte, hasta donde lo conocemos, definitivamente no es. Y las propuestas serias, educativas, críticas, son más bien marginales. En términos generales, se puede decir que, en todas partes del mundo, la televisión ofrece: a) entretenimiento ramplón, barato, de muy poca profundidad estética (la mayoría de la programación puede clasificarse dentro de este campo: desde deportes hasta telenovelas, series estandarizadas, reality shows, musicales y dibujos animados, preparados cada uno según el público-objetivo buscado); b) información, la mayor parte de las veces tendenciosa, haciendo del manejo de la noticia otro entretenimiento más; c) un porcentaje infinitamente menor de materiales educativos para la reflexión, programas culturales o científicos, así como arte. En la mayoría de casos, existe una fuerte carga ideológica, en general, mayor que la calidad estética. En lo que concierne a noticias, la situación es patética; en vez de informar con veracidad, se desinforma, se crean matrices de opinión en la lógica de defensa de los poderosos, se es chabacano y sensacionalista y no es para nada crítica. Una vez más: “El esclavo piensa con la cabeza del amo”.

La razón última de la televisión es vender publicidad; dicho en otros términos, obtener beneficios monetarios. Y la razón última de acumular beneficios monetarios es concentrar poder. El “rating” (la medición de la teleaudiencia) pasó a ser el elemento que guía la gran mayoría de las programaciones. Como alguien alguna vez lo dijo, “los programas son una excusa para presentar publicidad”. En la actualidad y tras varias décadas de desarrollo, las televisoras más importantes del mundo son propiedad de las cien compañías más grandes, las que, a su vez, son las que más se anuncian en televisión. La ABC es propiedad de Disney Corporation, la NBC de General Electric, la CBS de Westinghouse, Antena 3 de Telefónica. CNN es una super empresa que cotiza en bolsa moviendo fortunas. Las cadenas públicas o se privatizan o se mimetizan con las privadas y, en cualquier caso, quienes las financian son en buena parte las mismas compañías. En la actualidad existen conglomerados industrial-financiero-mediático-políticos (véanse los casos del magnate Silvio Berlusconi en Italia, Carlos Slim en México -una de las personas más acaudaladas del mundo- Ted Turner en Estados Unidos, propietario de CNN, Gustavo Cisneros en Venezuela -el segundo hombre más rico de América Latina-) que disponen de más poder político que un presidente de Estado. En ellos resulta muy difícil saber quién controla a quién, la política a las finanzas o los medios de comunicación a ambas, pues son todos en uno o hacia ello se encaminan.

El mundo es lo que la televisión muestra. El poder político, entonces, ha pasado en buena medida a quienes detentan ese potencial de los medios masivos de comunicación, quienes ya se constituyeron abiertamente en actores políticos de primera magnitud, más incluso que los desacreditados partidos, cada vez más tenidos por una casta de corruptos y mercaderes mercenarios (esto es igual en todos los países). La cultura audiovisual que el entramado del poder ha ido creando invierte la evolución de lo sensible a lo inteligible y altera la relación entre entender y ver, empobreciendo así la comprensión del mundo, atrofiando la capacidad de abstracción y, por lo tanto, de actuar sobre la realidad. La humanidad no es más tonta desde que ve televisión, sin duda; pero sí es más manejable, tremendamente más manejable y manipulable. Y lo peor de todo, sin que se dé cuenta de ello. El video-dependiente promedio de televisión o de las nuevas tecnologías que entronizan la imagen (cada vez más gente en el planeta) tiene menos sentido crítico que quien no depende casi exclusivamente de las imágenes como fuente de conocimiento, de quien lee y piensa reflexiva y críticamente. El esfuerzo de ver es mucho menor que el de leer. Consideremos la forma de dejarse llevar por imágenes: se suceden unas a otras, el orden está fijado, se trata fragmentariamente cada tema y no hay espacio para reflexionar (es decir, para “darle vueltas al asunto”, examinar el contexto global en que se produce un acontecimiento, integrarlo con otros aspectos con los que interactúa, darse el tiempo para pensar futuras acciones). No obstante, sería incorrecto achacar todos los males y esta cultura “light” del “no piense y mire pasivamente” al avance tecnológico. No cabe duda que las nuevas tecnologías modelan las problemáticas y perfilan cambios en la constitución subjetiva; sin embargo, el poder de crear, innovar, formar y participar en los procesos de transformación social sigue siendo, exclusivamente, responsabilidad nuestra. Como siempre, el vínculo interpersonal es el factor determinante en el desarrollo y uso de las potenciales capacidades intelectuales. La tecnología condiciona, pero el proyecto antropológico de base (“político”, para llamarlo propiamente) es el que decide cómo y para qué se usa dicha tecnología. Por último, la “culpa” de los males del mundo no es de la televisión, de los medios de comunicación, de la tendencia al consumo de imágenes ni de los medios digitales (televisión y la parafernalia que la acompaña: internet, pantallas de teléfonos celulares, tablas y todos medios cada vez más sofisticados que podrán venir en un futuro). Ellos, como instrumentos de enorme penetración, también pueden servir para otros fines, como ampliar el conocimiento y mejorar el análisis y la opinión crítica. La televisión y los medios de comunicación en general pueden ser un arma liberadora. Las experiencias conocidas hasta la fecha abren interrogantes. El “socialismo” real no dio una producción televisiva excelente, aunque el recurso humano que trabajaba tal sistema tenía gran preparación y amplitud de criterio. Por el contrario, se dieron producciones que fueron, si no propaganda ideológica pesada, programas carentes de creatividad, de chispa y que resultaban ser igualmente soporíferos.

Lo señalado anteriormente nos lleva a replantear la cultura de la imagen que está en la base de esta proliferación de medios masivos que cada vez más se van imponiendo. “Cuando se escribe un guión televisivo, hay que pensar que el potencial consumidor es un niño de seis años de edad”; así presentaba las cosas un prestigioso profesor de semiología para demostrar cómo se hace televisión. Quizá era un poco crudo, pero no estaba exagerando. “En la sociedad actual, el rumbo lo marca la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caen fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotan de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”, se expresaba sin mayores tapujos Zbigniew Brzezinsky, asesor del ex presidente de Estados Unidos James Carter e ideólogo de los reaccionarios documentos de Santa Fe (1). En otros términos, el funcionario de Estado no decía nada muy distinto a lo que nos enseñaba aquel docente de comunicación social: “manipular a la gente tratándola como niñitos tontos”. Así de simple (o de monstruoso). La televisión -y junto con ella los nuevas tecnologías centradas en la cultura de la imagen- es parte fundamental de lo que los estrategas de la potencia imperialista llaman “guerra de cuarta generación”. Dicho de otra forma, guerra psicológico-mediática, guerra a muerte para controlar poblaciones enteras, la población planetaria, no con armas de destrucción masiva, sino con medios más sutiles, no sanguinarios, pero de más impacto final.

La humanidad no es más tonta desde que ve televisión, señalábamos, pues el núcleo del problema no está en el consumidor sino en el productor. Lo que debe enfatizarse es que ese productor de imágenes es, cada vez más, el gran poder político. En la década de 1960, el padre de la semiótica, el italiano Umberto Eco, decía: “Quien detente los medios de comunicación, detentará el poder”. Evidentemente no se equivocaba. Vale la pena recordar la afirmación del dirigente nazi Joseph Goebbels, padre de la manipulación mediática moderna: “¿A quién debe dirigirse la propaganda: a los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (...) Toda propaganda debe ser popular y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de los alcances de entre aquellos a quienes se dirige [¿niño de seis años?]. (…) La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea”. (2)

No hay ninguna duda de que la inmediatez y unidireccionalidad de los mensajes audiovisuales, de los que la televisión es el principal exponente (más que el cine, la foto, el internet o los videojuegos), generó una cultura de la imagen que hoy pareciera muy difícil, si no imposible, de revertir. En la dinámica humana, la conducta reiteradamente repetida termina creando hábito: “algunos puntos fuertes poco numerosos se imponen a fuerza de fórmulas repetidas”, enseñaba el ministro de Propaganda del Tercer Reich. Al igual que la intuición de Eco, tenía razón. La cultura de la imagen que hace años viene repitiéndose con fuerza creciente ya creó un hábito en todas las capas sociales en estas últimas generaciones. Hoy por hoy, pareciera imposible desarmarla. Pero en esa cultura anida un límite intrínseco, quizá imposible de ser franqueado: no importa el tipo de programa televisivo que se presente, mirar la pantalla no facilita la actitud crítica que sí posibilita, por ejemplo, la lectura. De todos modos, esa cultura de la imagen no parece que vaya a desaparecer con facilidad, por varios motivos. En el marco del actual sistema de libre mercado, la imagen es un fácil expediente para generar enormes ganancias y herramienta idónea para seguir incentivando el hiper consumo que la economía necesita. El negocio de la televisión mueve fortunas y ninguna de las corporaciones que lo manejan está dispuesta a perderlo. Por otra parte, la televisión se ha revelado como un arma de dominación terriblemente eficaz (guerra de cuarta generación, más “letal” que las peores armas de fuego). Los centros de poder no dejarán de usarla, por el contrario, apelarán cada vez más a ella. Es un instrumento de sujeción mucho más efectivo que la espada de la antigüedad o las bombas inteligentes actuales. Por ambos motivos entonces, fabuloso negocio y mecanismo de control social, la televisión es parte medular de los factores de poder que manejan el mundo. Además -y esto es incontratable- la imagen nos hace caer en ella como la luz brillante atrapa a los insectos. La cultura mediática (audiovisual en lo fundamental) prefigura cada vez más el pensamiento político. “Pensamos” política e ideológicamente en términos pasivos lo que el “espectáculo mediático” presenta, sin mayores cuestionamientos. Por ejemplo, que los musulmanes son unos fanáticos terroristas, que los narcotraficantes constituyen el nuevo demonio que mueve la política en los “narco-Estados” latinoamericanos, que las “temibles” maras son el principal problema en Centroamérica, que Osama Bin Laden y Al Qaeda o el recientemente aparecido Estado Islámico manejan buena parte del mundo desde las tinieblas con un proyecto de siembra de terror que nos paraliza, que estamos mal porque “los políticos corruptos se roban todo”. Y también, sin formulaciones críticas al respecto, que “la democracia” es un bien en sí mismo y que los países exitosos son tales porque han abrazado la democracia. Nuestro pensamiento, recordémoslo una vez más, muchas veces (¿siempre?) se moldea a través de poderes hegemónicos que imponen “lo que se debe pensar”. En el ámbito universitario, esto resulta ser descarnadamente cierto, aunque debería ser el lugar de la crítica por excelencia. La cultura de la imagen lo barre todo: el “copia y pega” pareciera haber llegado para quedarse. ¿Y acaso no son eso mismo los noticieros que nos llenan la cabeza de “información”?

El mundo globalizado, la aldea global, se rige en forma creciente por un pensamiento único, por un continuo “copia y pega”, donde cada sujeto recibe el texto “pegado” que habrá de repetir acríticamente. En términos políticos, esa globalización viene a uniformar puntos de vista y a contar con parámetros universalmente compartidos. Al hablar de “globalización” -proceso hoy día en la cresta de la ola del discurso sociopolítico y mediático- debemos precisar de qué se trata pues, en verdad, el término no aporta nada nuevo en lo conceptual. Quizás pueda incluso ser un estorbo si no se lo delimita adecuadamente. Globalización es más que -o incluso no es para nada- la posibilidad de tener en cualquier parte del mundo, en medio de la selva o del desierto, un teléfono celular fabricado por una empresa japonesa en algún país del medio oriente, con chips elaborados a base de coltán africano y activado por una compañía telefónica de origen español, cuya buena parte del paquete accionario es francés o estadounidense. Éste es el detalle descriptivo, no más. La globalización es más que eso.

El proceso de globalización

Para una síntesis sobre qué entender por globalización, podríamos proponer (a modo de definición aproximativa) que se trata del proceso económico, político y sociocultural que está teniendo lugar actualmente a nivel mundial. Este proceso hace que exista una interrelación económica cada vez mayor entre todos los rincones del planeta, por alejados que estén, bajo el control de las grandes corporaciones transnacionales. Esto gracias a tecnologías que han borrado prácticamente las distancias, permitiendo comunicaciones en tiempo real y que sirve básicamente a esas enormes empresas, aunque se viva la ilusión que todos nos beneficiamos de ella. Tomando en cuenta lo anterior, el proceso de globalización (generalmente considerado en su faceta económica) implica que cada vez más ámbitos de la vida son regulados por el libre mercado, que la ideología neoliberal se aplica en casi todos los países con cada vez más intensidad, que las grandes empresas consiguen cada vez más poder a costa de los derechos ciudadanos y la calidad de vida de los pueblos y, por último, que el medio ambiente y el bienestar social se subordinan absolutamente a los imperativos del sistema económico (cuyo fin es la acumulación insaciable por parte de una minoría cada vez más poderosa). Acompaña a todo este proceso el desprecio de los valores culturales y sociales de las distintas comunidades del planeta, con la imposición de una matriz única, producida y exportada desde los principales centros de poder, fundamentalmente los Estados Unidos de América. Ahora bien, las características señaladas no son en realidad nuevas. Desde que el capitalismo comenzó a solidificarse en Europa, su expansión global no ha cesado. La llegada de los españoles a tierras americanas puso en marcha este proceso de universalización del sistema económico europeo, proceso que desde hace cinco siglos no se ha detenido. El capitalismo es, en definitiva, sinónimo de comercio a escala planetaria. La trata de esclavos negros en África, el saqueo de recursos en Asia o América y el crecimiento de los bancos europeos son parte de un mismo proceso. La globalización ya lleva varios siglos en curso. Como se dijo en alguna ocasión: en realidad comenzó la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana pronunció su infausto grito de ¡tierra! Con el final de la Guerra Fría y el triunfo del gran capital transnacionalizado, el discurso hegemónico -el del neoliberalismo en boga- se sintió en condiciones de decir lo que le placiera. No sólo de decir, sino también de hacer. Surgen así los mitos post caída del muro de Berlín que, como todo mito y construcción simbólica, responden a momentos, coyunturas sociales y entramados de poder. “El fin de las ideologías”, el pragmatismo, el discurso del posibilismo y la resignación; el inglés como lengua universal, “don’t worry, be happy”; Coca-Cola y McDonald’s como íconos; individualismo triunfalista y desprecio por lo local; aquello que evoque el pasado; todos éstos son distintos elementos que conforman los nuevos paradigmas. Como parte de los símbolos de la globalización, debe incluirse también lo que se ha llamado “flexibilización laboral” (eufemismo de la sobreexplotación de la mano de obra). Es decir, pérdida de derechos sindicales históricos obtenidos luego de décadas de luchas, contratos laborales precarizados, casi extinción de sindicatos. Se complementa esto con la “deslocalización”, o sea, la posibilidad de instalar centros productivos en los que la mano de obra sea más barata, con menor regulación y escasos o nulos controles medioambientales por parte de los Estados. La globalización es siempre la de los grandes capitales. Si algo posibilita todo lo anterior, es la universalización del dominio del capital financiero. Entre los íconos de la globalización se inscribe también el mercado, como punto máximo del desarrollo y la democracia, como expresión superior de organización política. Los medios masivos de comunicación, cada vez más globalizados y concentrados, juegan un papel clave en la expansión de este fenómeno y de sus mitos.

La relación entre medios masivos de comunicación y globalización, hoy en día en su apogeo, se perfilaba ya algunas décadas atrás. Así, por ejemplo, el Informe McBride de UNESCO en 1980 lo denunciaba explícitamente: “La industria de la comunicación está dominada por un número relativamente pequeño de empresas que engloban todos los aspectos de la producción y la distribución, las cuales están situadas en los principales países desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. (…) Se deben adoptar medidas encaminadas a ampliar las fuentes de información que necesitan los ciudadanos en su vida cotidiana. Procede emprender un examen minucioso de las leyes y reglamentos vigentes para reducir las limitaciones, las cláusulas secretas y las restricciones de diversos tipos en las prácticas de información. (…) Con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y espectadores como si fueran receptores pasivos de información”. (3)

Globalización, democracia y medios de comunicación

Se encuentran entronizados distintos mitos que recorren el planeta, de los que hoy pareciera imposible despegarse. Las ideas de libre mercado y democracia (entendida como democracia representativa y formal) parecen haber llegado para quedarse, inundando todo el mundo y no dando lugar a críticas o alternativas. Estar globalizados es participar de estos valores comunes, universales, fijados desde centros de poder omnímodos y que no dan ningún espacio para la actitud crítica. Cualquier disenso es tomado como “irrespetuoso acto de rebeldía”. Consideremos un ejemplo del impacto de esta construcción mediático ideológica en el pensamiento político dominante; analicemos así la noción de “democracia” entronizada hoy como un bien en sí mismo. “Con la democracia también se come”, gritaba en su campaña proselitista Raúl Alfonsín antes de convertirse en el primer presidente constitucional luego de la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1982. La promesa levantaba grandes expectativas; tantas, que le permitió ganar las elecciones. Hoy, con más de tres décadas de ejercicio democrático, el país no se termina de recuperar de la peor crisis de su historia. No es nada infrecuente que muchos de sus habitantes deban comer de los recipientes de basura (¡en el país de las vacas!) y tampoco fueron infrecuentes, en estos últimos años, saqueos a parques zoológicos para comerse algún animal. Parece ser que la democracia no ha dado mucho para comer. En el histórico “país de las vacas”, con la democracia se pasa hambre y los índices de desnutrición crecieron en forma dramática. Una investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2005 mostró con cifras elocuentes que 55% de la población estudiada apoyaría de buen grado un gobierno dictatorial si resolviera los problemas de índole económica. Ello llenó de consternación a más de un politólogo. Sin lugar a dudas, décadas de dictaduras militares y regímenes totalitarios dejaron una profunda marca política en la región. Pero ello no habla sólo de una cierta vocación autoritaria en la población latinoamericana, transformada ya hoy en hecho cultural; habla, más que nada, del fracaso de estas democracias formales aparecidas alrededor de la década de 1980, luego de los tristemente célebres gobiernos militares.

“Democracia” es una de las nociones más manoseadas y retorcidas del vocabulario político universal. Si intentáramos precisarla en pocas palabras, seguro que no lo lograríamos. El solo hecho de que pueda ser presentada como opción “buena” ante otras “equivocadas” alerta ya que no es universalmente aceptada y que es materia de equívocos, que alcanzan para todo. ¿Cómo es posible que en su nombre se produzcan guerras de conquista, como las de Irak o de Afganistán? ¿Cómo es posible que en su nombre se bombardee población civil no combatiente? Sin duda, la democracia es un tema explosivamente polémico, pero el insistente discurso -mediático en lo fundamental- lo ha colocado en un sitial de honor que casi no admite discusiones. Si en algún determinado país las cosas no funcionan del todo bien, el discurso dominante -dado en muy buena medida por los medios masivos de comunicación- dice que es porque aún ese lugar no vive “en democrática” o porque la institucionalidad democrática “es muy débil”.

En uno de sus informes, el Banco Mundial reveló que la República Popular China sacó de la marginación a 200 millones de personas en veinte años, sin que sus reformas se apegaran a las recetas neoliberales en boga. Más aún, con una organización política abominada por las democracias occidentales en la que brillan por su ausencia todas las libertades esgrimidas como logros democráticos. Como señaló Luis Méndez Asensio al analizar el fenómeno: “El ejemplo chino nos incita a una de las preguntas clave de nuestro tiempo: ¿es la democracia sinónimo de desarrollo? Mucho me temo que la respuesta habrá que encontrarla en otra galaxia. Porque lo que reflejan los números macroeconómicos, a los que son tan adictos los neoliberales, es que el gigante asiático ha conseguido abatir los parámetros de pobreza sin recurrir a las urnas, sin hacer gala de las libertades, sin amnistiar al prójimo” (4). Tan elástico es este vapuleado concepto de democracia que sirve para cualquier propósito: para comer -según Alfonsín-, para mantener un bloqueo contra Cuba, para invadir Irak o Afganistán, para deponer al presidente Jean-Bertrand Aristide en Haití o a Manuel Zelaya en Honduras, o para intentar hacerlo con Nicolás Maduro en Venezuela… Quizá, por tan elástico, en realidad no significa ya nada. Pero todo ello puede llevarnos a concluir que lo que pensamos rara vez es original, ya viene pensado por otro.

En el ámbito político, que es el que nos interesa fundamentalmente para el presente análisis, ese pensamiento viene muy marcadamente “preparado” por determinados centros de poder. Como tendencia siempre creciente, los medios masivos de comunicación juegan un papel cada vez más decisivo en la construcción de las imágenes políticas que las poblaciones tenemos de lo que somos, de por qué somos así y de lo que podemos hacer al respecto. Más allá de todo el despliegue científico-técnico con que nos movemos como una sociedad globalizada que entró en la modernidad -todos tenemos teléfono celular, el internet es un hecho y avanza portentoso, todos directa o indirectamente consumimos petróleo- en el ámbito ideológico-político seguimos apegados a mitos, a frases hechas, a estereotipos que repetimos sin la más mínima crítica. ¿Cuál es la diferencia entre cualquier mito tradicional (el Hombre-lobo, la Llorona, Santa Klaus, determinada virgen milagrera, María Lionza en Venezuela o Palas Atenea en la Grecia clásica) y los mitos en torno a la democracia? Entretanto, los medios masivos de comunicación, en vez de ser críticos al respecto, los alimentan generosamente.

Estos medios, en manos de empresas capitalistas lucrativas, por supuesto que seguirán defendiendo el sistema a cualquier costo (además de seguir haciendo negocio, pues eso son en definitiva: buenos business). Lo seguirán defendiendo a costa de la verdad, más allá de las pomposas declaraciones de “defensa irrestricta de la libertad de expresión” y altisonantes palabras que nadie puede tomarse en serio. Lo defenderán, alejados de la pretendida objetividad de la que tanto se habla, pues lo que está en juego no es una verdad científica, neutra, sincera, sino la perpetuación de un sistema de explotación que beneficia sólo a algunos, justamente a quienes detentan esos jugosos negocios. Es por eso que todo lo que tenga que ver con medios de comunicación debe ser tomado totalmente con pinzas si en verdad se busca objetividad. El campo popular, en todo caso, tiene que estar siempre alerta, desconfiando y en actitud de discordia con el discurso mediático, porque allí hay, ante todo, el ocultamiento de una mentira. La política en tanto red de relaciones que determina a la totalidad de una sociedad, no guarda la más mínima relación con la verdad objetiva; la política es una forma de mantener el engaño sobre el que se edifican las sociedades de clase, asentadas en la propiedad privada de los medios de producción. De eso no se habla, y ahí está el meollo de todo.

En ese sentido, “política” no es sólo el oficio de los “políticos profesionales” que administran gerencialmente el sistema. La política está en el día a día, en la calle, en la comunidad, en la protesta ante los atropellos, en la reacción ante cualquier injusticia. Y de eso, los medios masivos de comunicación hoy absolutamente globalizados y monopolizados, no quieren saber nada. Por eso desconfiemos de esa mentira bien organizada, pensemos con nuestra propia cabeza, hagamos nuestra día a día aquella frase de “crítica implacable de todo lo existente”.

Notas:
1) Zbigniew Brzezinsky, “The Technetronic Society”, en Encounter, Vol. XXX, No. 1 (enero de 1968)
2) Joseph Goebbels. Artículo publicado el 30 de abril de 1928 en “Der Angriff”, órgano de prensa del Nacional Socialismo.
3) Sean McBride, Un solo mundo, voces múltiples: comunicación e información en nuestro tiempo (México: Fondo de Cultura Económica (FCE) y UNESCO, 1980), págs. 260-262
4) Luis Méndez Asensio, “¿Cuánto vale la democracia?”. En http://www.pa-digital.com.pa/periodico/edicion-anterior/opinion-interna.php?story_id=439652

Bibliografía:
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- Centro Knight para el Periodismo en las Américas. (2009) “El impacto de las tecnologías digitales en el periodismo y la democracia en América Latina y el Caribe”. Austin, Texas Centro Knight.
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- Reguillo, R. (2000) “Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto”. Buenos Aires: Edit. Norma.
- Roszak, Th. (2005). “El culto a la información. Un tratado sobre alta tecnología, inteligencia artificial y el verdadero arte de pensar”. Barcelona. Ed. Gedisa.
- Sartori, G. (1997) “Homo videns. La sociedad teledirigida”. Barcelona. Ed. Taurus
- Urresti, M. (2008) “Ciberculturas juveniles

GUSTAVO ROBLES

17:08 (hace 16 horas)
para
CFK, ENTRE EL ENGAÑO Y EL JUICIO DE LA HISTORIA

“No le dejo un país cómodo para los dirigentes: dejo un país cómodo para el pueblo” dijo CFK ante la Asamblea Legislativa. Después de 12 años de gobierno kirchnerista, el 90% de los asalariados gana por debajo de la Canasta Familiar, y el 70% de los jubilados, la tercera parte. No parece una realidad muy cómoda que digamos para ellos

En la infinitud de características que abarca la Humanidad en cada uno de sus componentes, es decir, en cada ser humano, la honestidad ideológica es una de las que más respeto despiertan. Cuando una persona hace lo que dice, les permite a los demás posicionarse ante sus hechos concretos, a favor o en contra. En la arena de la política esa virtud casi brilla por su ausencia, porque es costumbre subjetivar sobre las bondades de las propuestas. Por ejemplo, decirle a los trabajadores que van a vivir cada vez mejor bajo un régimen que enriquece a sus explotadores es una de las grandes mentiras del sistema capitalista. Los funcionarios reciben dádivas de los beneficiarios de sus políticas -los patrones- y mejoran sus niveles de vida en la función pública, mientras las mayorías populares se mantienen siempre en su realidad de necesidades sin satisfacer.
En Argentina se han sucedido gobiernos que han mentido sobre sus objetivos y sus logros, pero ninguno pergeñó una maquinaria tan aceitada para el engaño como el kirchnerismo, desde la Dictadura Genocida a esta parte, y tuvo tanto éxito. Porque si bien todos falsearon la verdad, ninguno se declaró – como lo hizo éste – el “gobierno de los trabajadores, de los DDHH y antiimperialista”… para hacer exactamente lo contrario.
La corriente pejotista que gobierna desde hace 12 años a la Argentina ha sabido elaborar un disfraz que muestra una cara que en la realidad no existe.  La retórica se contradice con los hechos. Eso es lo que demostró, una vez más, el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso que CFK desarrolló el pasado 1 de marzo. El último de sus dos periodos.
La presidenta habló 3,30hs para describir el “país de las maravillas” que nos deja, que sólo existe en su mente y en la de sus cómplices y seguidores. Una larga exposición plagada de generalidades, falsedades y verdades a medias que redundan en mentiras completas.  Ejemplo de ello es la mención que hizo sobre los salarios y las jubilaciones, “las más altas de Latinoamérica”. Más allá de que esto sea cierto o no, sobre lo que realmente importa , que es la relación con la Canasta Familiar, se calló la boca. Será porque según el Indec intervenido desde hace 8 años por el kirchnerismo, el 90% de los asalariados en este país está por debajo de ella, y porque el 70% de los jubilados cobra la indignidad de $3800 ¿Y esta señora nos quiere hacer creer que eso es “justicia”?
Según la primer mandataria, hoy hay más escuelas y se reciben más alumnos, pero olvida decir que los pibes terminan la primaria apenas sabiendo leer y escribir, y sin saber interpretar lo que leen. Las escuelas, además, aún hoy mantienen problemas edilicios y de infraestructura, y para su funcionamiento diario deben ser mantenidas por cooperadoras de padres, porque el Estado brilla por su ausencia… Aunque este año destinen algún fondo urgido por las elecciones, una golondrina no hace verano. Además de todo esto, los salarios de los docentes están entre los más bajos en la clase trabajadora.
Las estadísticas sanitarias que maneja el gobierno son una “belleza”, pero las ha elaborado bajo la dirección de Manzur, el mismo que las falseó en Tucumán.  ¿Quién puede creerle? No quienes deban atenderse en el ámbito de la salud pública. Los hospitales funcionan gracias a la enorme profesionalidad de los trabajadores de salud, que deben lidiar con bajos salarios y la falta de recursos e insumos.
Esa concepción de falsear las cifras sacándolas de contexto que utiliza la presidenta, es la que usa para hablar del tema de la Deuda Pública sin que se la caiga la cara de vergüenza. El famoso “desendeudamiento” le costó al pueblo argentino 200 mil millones de dólares de una deuda que no debía, y cuyo origen, como se ha repetido hasta el hartazgo, fue fraudulento. El gobierno K pagó igual, a costa del sacrificio de las mayorías populares, a pesar de lo cual deja una deuda que supera los u$d200 mil millones más.
Los recursos estratégicos, olvidó decir CFK, los puso o los dejó este gobierno en manos de multinacionales, que son expresión cabal del imperialismo colonizador y saqueador. Es decir que en 12 años, el oficialismo no ha podido desarrollar instrumentos que evitaran la dependencia del país para extraer y elaborar su propia riqueza natural. Incluso la “defensa” de los derechos nacionales frente a aquéllas no le ha salido tan bien, pues por Aerolíneas, por ejemplo, terminó haciéndose cargo de la deuda de Marsans por 900 millones de dólares; y en la operación por la expropiación de YPF a Repsol, terminó comprometiendo un pago por el 51% de la empresa, un precio igual al total de su valor de mercado. Y eso, después del saqueo que llevaron a cabo.
En cuanto a los DDHH, la señora Kirchner nada dijo de la participación de Milani en la Dictadura Genocida, ni del carapintada Berni, ni del espía del Batallón 601 Gerardo Martínez durante el Proceso; todos cortesanos de su troupe, al igual que los asesinos de originarios Insfran, Closs, Fellner, Urtubey o el propio Capitanich. También se calló la boca sobre la criminalización de la protesta, sobre los más de 6000 procesados por luchar contra sus políticas de entrega y saqueo, sobre los injustamente condenados a perpetua, los trabajadores petroleros de Las Heras, sobre los presos políticos en Las Heras y corral de Bustos y sobre el Boli Lescano.
Nada de lo que declama la presidenta, entonces, se verifica en la realidad. El gobierno ya no puede echarle la culpa de sus horrores a los anteriores. El IVA sigue pagándolo, de la misma manera,  tanto el humillado habitante de un asentamiento como el más rico de los empresarios. El impuesto al salario es una mancha que dejará marcada para siempre a la administración de los patagónicos. Los trenes “nacionales” se fabrican en China. En el gobierno liderado por una mujer a la que se considera “defensora” de los derechos de género, la discusión sobre el aborto brilla por su ausencia. Si hasta el hecho de tener que subsidiar a la pobreza después de más de una dékada de gobernar es una muestra de la injusticia social que se mantiene y perdura.
Sin embargo, millones de personas creen en lo que les dicen desde Balcarce 50. Muchos son los mismos a los que las políticas oficialistas condenan a la pobreza. Otros, militantes que no distinguen los dichos de los hechos, o no lo hacen por conveniencia. Son los que gritan “liberación” mientras aplauden la entrega de Vaca Muerta a Rockefeller, de territorio nacional a los chinos, las patentes de nuestros granos a Monsanto, la producción agropecuaria a Nidera, Cargill o Cofco, o los minerales a Barrik o Canadian. Eso, la tergiversación de los valores liberadores de nuestro pueblo en la consciencia de miles y miles de personas, es peor aún que la entrega misma. Porque ¿qué pueblo podrá liberarse si piensa que para ello debe entregarse a sus saqueadores?
Eso es lo que deja el kirchnerismo.
La señora de Kirchner y su difunto marido no dejan un país “cómodo” para las mayorías populares entonces. Dejan una sociedad cuyos valores se han degradado, casi al punto de la barbarie, donde los pobres pelean contra los pobres, incluso hasta llegar a linchamientos. Una sociedad donde los pobres son arriados como ganado, utilizados por organizaciones políticas que al hacerlo demuestran su calaña. Una sociedad donde las bandas, las patotas y el narcotráfico íntimamente ligados a la institucionalidad del sistema, amenazan a los honestos trabajadores. Una sociedad donde, según el último informe de la Junta Interna de trabajadores del Indec (febrero de 2015), un 25% de la población vive en la pobreza y el 5,5% en la indigencia. Dejan, en realidad, un país cuyo futuro estará jaqueado por el vaciamiento de recursos. Dejan un país DEPENDIENTE del financiamiento y las inversiones externas, y con un endeudamiento aún mayor que el que ellos encontraron, pero ahora “legalizado” ante las naciones del mundo. Gran favor le ha hecho esta corriente política nefasta al Sistema Financiero del Imperialismo. Tal cual los cipayos.
El kirchnerismo está por terminar su etapa de la manera más indigna que podía esperarse. Se ha hecho cargo del país para recomponer la gobernabilidad del sistema burgués que había sido puesta en cuestión en las jornadas del estallido popular del 2001. La recompuso, haciéndole los deberes a los patrones locales y a los imperialistas. Y haciendo resucitar a la derecha más explícita, que había sido enterrada por el pueblo a principios del milenio. Ahora esa derecha lo sucederá, y accederá al gobierno caminando por la alfombra que la DéKada Arrasada le ha tendido.
La construcción de una verdadera alternativa liberadora para nuestro pueblo, que enfrente y rompa con las cadenas de la dependencia, el saqueo y la explotación, deberá surgir de las antípodas de la concepción kirchnerista. Y de la acción consciente de una nueva dirigencia surgida de la clase trabajadora, sin sectarismos, amplia, verdaderamente antiimperialista y anticapitalista.

Gustavo Robles
3-3-15








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martes, 3 de marzo de 2015

martes, 3 de marzo de 2015

Un nuevo método para desalojar familias en La Boca

LA RETAGUARDIA

La dificultad para acceder a una vivienda digna es una de las problemáticas que más afecta al barrio de La Boca. Los conventillos y los desalojos forman parte de su vida cotidiana y en el último tiempo, a los civiles y penales se han sumado los desalojos administrativos. “Viene una guardia de auxilio del gobierno de la Ciudad, te toca el timbre y te dice ‘me permite pasar, que quiero ver cómo está el estado de su casa, de su conventillo o de su casa tomada’, entran y dicen que se está por caer, que hay que clausurar, y las familias afueras”, así describió la periodista Martina Noailles lo que caracterizó como “el nuevo mecanismo de limpieza de los pobres de La Boca”.

El objetivo es colaborar con el negocio y la especulación inmobiliaria para cambiar el barrio y transformarlo “en otro, para otros”. Martina Noailles, del periódico barrial Sur Capitalino, explicó cómo se extiende esta nueva práctica del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: “Estas guardias de auxilio están visitando familias, nos estamos enterando de a poco, ya tuvimos dos casos en la calle Necochea, por eso creemos que tiene vinculación con un proyecto de remodelación de las cuatro cuadras donde estaban las cantinas, porque justamente estaban en esa zona. Estamos tratando de relevar a través de la Defensoría Tutelar que es a donde suelen llegar los vecinos que quedan en la calle para ver cuáles son los otros casos”, explicó Noailles en diálogo con La Retaguardia.

En este sentido, la trabajadora de prensa del periódico Sur Capitalino señaló que para las familias es muy complejo poder defenderse ante estas situaciones: “tendrías que poner tu propio perito y para eso tendrían que darte tiempo y no entrar y decirte que te ponen la clausura en ese momento y te quedas en la calle. Son como casi automáticos. No hay una notificación como hay en los desalojos judiciales. Son administrativos y es prácticamente nula la oposición que podés hacer, salvo que no los dejes pasar, por eso estamos viendo el mecanismo para ello. Estamos viendo si podemos empezar a advertir a los vecinos que no los dejen entrar y poder poner peritos de parte nosotros, para ver cómo hacemos para frenar esto, o quizás pedir que se puedan remodelar las casas con subsidios, créditos, pero la manera no es dejarlos en la calle porque sabemos que después terminan del otro lado del Riachuelo”.

A su vez, Noailles manifestó que si efectivamente el gobierno porteño se interesara por el estado de las construcciones del barrio de La Boca, haría algo con el 80% de los conventillos que está por derrumbarse: “hay que ver entonces cómo selectivamente van a empezar a entrar en diferentes zonas, o dueños que empezarán a gestionar de esta manera los desalojos, me parece que es una estrategia que se suma a las otras, y por eso estamos nuevamente alertas para ver qué pasa con esto y denunciarlo. El panorama es muy oscuro, no pareciera que nadie lo vaya a frenar, supongo que el gobierno del PRO va a seguir en la ciudad, y me parece que no hay oposición política que pueda frenar este proceso tampoco. No hay de parte ni del gobierno nacional, ni de las fuerzas que lo componen una oposición clara a este proceso, esto lo hace aún más complicado. Somos algunos de grupos de vivienda, algunos movimientos del barrio que estamos saliendo a exigir y a reclamar y a llevar propuestas a la ciudad, pero estamos bastante solos”, agregó.

“Son miles los que tienen problemas de acceso a la vivienda que poco a poco están siendo expulsados del barrio – advirtió además Noailles –, pero en vez de ayudarlos a poder tener una vivienda digna, lo que hace el Estado es habilitar el negocio inmobiliario con sus políticas de distritos que ayudan y dan beneficios impositivos y de otro estilo, y esto lo que hace es que se estén multiplicando los desalojos. Tras la feria judicial, tuvimos el primero de los desalojos de parte de los oficiales de justicia, y por lo que sabemos ya hay unos doce previstos para los próximos meses. Los desalojos están siendo cada vez más rápido, y los dueños de los conventillos o los que dicen ser dueños, están iniciando estos procedimientos express de desalojo. La justicia penal de la ciudad tarda unos seis meses, en la nacional un poco más, pero están siendo bastante acelerados. Alguna fuente judicial me ha dicho que hay jueces que están comprando terrenos en La Boca, así que estamos muy preocupados porque se están multiplicando (los desalojos), además de los proyectos que tiene la ciudad para el barrio, porque no está solo el Distrito de las Artes, también quieren sacar el asentamiento Lamadrid, que ocupa tres manzanas, ya que por ahí quieren pasar una vía que vaya de Puerto Madero a Caminito, y ahora también quieren ‘remodelar’ la calle Necochea, donde estaban las cantinas, donde hoy vive gente”.

A partir de una ley aprobada en 2012 en la Legislatura porteña se creó en el barrio de La Boca el Distrito de las Artes. Según explicaba Noailles en una entrevista con La Retaguardia realizada en 2013, en este distrito “se ayuda a los inversores, se los atrae a través la exención de impuestos. Esta es una ley que salió luego de una negociación entre el macrismo y el kirchnerismo, que perjudicó claramente al barrio. Y aunque los vecinos se oponían a su aprobación, fue votada igual en la Legislatura. Es una norma similar a lo que ocurrió en Parque Patricios, con la diferencia de que en Parque Patricios no había que desalojar a nadie, en cambio en La Boca hay que sacar a todos los pobres que no van con el negocio que quieren hacer”.

Respecto a la aprobación de la ley, Noailles sumó en esta última charla nuevos elementos: “el Plan Procrear recién ahora va a empezar a construir en terrenos ubicados atrás de la cancha de Huracán, linderos a la villa 21, eso ya es Barracas. Esto se decidió al mismo tiempo que la Legislatura porteña negoció y aprobó el Distrito de las Artes para La Boca, o sea que fue un intercambio de favores que perjudicó claramente a nuestro barrio. De lo poco que interviene la Nación en nuestro barrio, encima pasa esto de que se devuelven favores y terminan hasta perjudicándonos”.

El negocio de Casa Amarilla

En poco tiempo se entregará el primero de tres edificios que componen las 438 viviendas ubicadas en terrenos de Casa Amarilla. Se trata de un programa de vivienda social que impulsó Aníbal Ibarra en 2005, pero construyó Mauricio Macri. Eso sí, el líder del PRO lo hizo obligado por una orden judicial: “en realidad eran 1200 viviendas, pero la disputa judicial hizo que terminaran siendo menos, en una negociación con algunos vecinos que querían tener estas viviendas y con otros que querían tener terrenos libres, que ahora son terrenos codiciados justamente por el club Boca para su hacer su nueva cancha”, explicó Martina Noailles a La Retaguardia.

Estas tierras siempre fueron del Estado, en un comienzo una parte pertenecía al ferrocarril y otra al Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). Esta última pasó a manos de la Corporación del Sur, que es la que la administra: “tiene posibilidad de vender terrenos que son de la Ciudad, a diferencia del IVC que en realidad no puede vender, ni negociar. Todos habían sido de la Ciudad, pero allá por los años ’90 una parte pasó a Boca. A cambio, el club tenía que construir ciertos sectores, como la Bombonerita y otras áreas del club y brindarle al barrio espacios deportivos, ese era el acuerdo. Pero desde que comenzó la presidencia de Mauricio Macri (en Boca) esto no ocurrió. Esa apertura que tenían que tener para el barrio, nunca la tuvieron. Más allá de esto, quedaron varias hectáreas libres que es donde se terminó construyendo este programa iniciado por el gobierno de Aníbal Ibarra, que después se truncó por una disputa judicial de un sector de vecinos del barrio que no quería que se construyera ahí porque quería que se conservara como espacio verde, y pedía que la vivienda se diera solamente en los espacios ociosos que tiene el barrio, terrenos y viviendas que no estaban siendo utilizadas. Esto generó una disputa en la justicia, la parte de los que sí se habían anotado en estos programas que eran 5.000 familias lo llevó a la justicia, y finalmente la justicia ordenó construir”, detalló Noailles.

En el medio de la disputa judicial, la cantidad de viviendas a construir se redujo a un tercio, a partir de una negociación que tuvo al club de la ribera en el medio.

El periódico barrial Sur Capitalino inició una investigación para determinar quiénes eran los destinatarios de estas viviendas que comenzaban a construirse: “todo estaba muy hermético y cerrado, lo que obviamente nos hizo sospechar que algo pasaba. ¿Quiénes son? ¿Cómo se van a elegir los adjudicatarios? De aquellos 5.000 iniciales pasaron a ser 1200 para terminar siendo 438, queríamos saber cómo se dio eso, sobre todo porque había vecinos que se habían anotado en el programa y que nos venían a contar que se estaban quedando afuera sin ningún motivo. Esto no era como el Procrear que se sortea u otros planes de vivienda que quizás hay un puntaje, que tiene en cuenta que cuanto más vulnerable es tu situación más posibilidades tenés de tener tu casa, o ciertas condiciones para poder pagarla a treinta años a poco costo. En este caso, como se judicializó, turbiamente una ‘asociación civil’ liderada por una persona, Diego Basualdo, que estaba muy ligada al PRO y a (Daniel) Angelici (presidente de Boca), es la que termina decidiendo quiénes son las 438 familias que iban a ingresar allí. Esta persona es quien había hecho la demanda contra el Estado porteño para que esas viviendas se construyeran, por lo que la justicia le otorga extrañamente, porque son viviendas sociales que construye el Estado, a su asociación civil, es decir a un privado, la posibilidad de elegir a las familias”, detalló Noailles.

Finalmente, Sur Capitalino consiguió las listas de los beneficiarios. Solo el 20% eran vecinos de La Boca, es decir, alrededor de 80 familias que, según señaló Noailles, implica más o menos la población de cuatro conventillos del barrio: “nos dimos cuenta que esas listas estaban plagadas de irregularidades, con muchos barras de Boca dentro del listado, incluso había uno que estaba en ese momento preso por una causa de carnet truchos, vinculado a la barrabrava, y otros tantos. También encontramos irregularidades como que una familia tenía tres departamentos, uno el padre, otro la madre y otro un hijo, muchas cosas que sonaban extrañas. En aquel momento, la denuncia pública no fue tomada por la justicia, ni por ningún político opositor al gobierno de la ciudad y quedó flotando en la nada hasta que finalmente el año pasado Iván Kerr, que es uno de los directores del IVC, nos dio un reportaje después de pelearla un año y medio porque no querían hablar. Allí intentó aclarar, oscureciendo aún más la situación. Dijo que ellos iban a chequear quiénes eran esas 438 personas, que no nos podían decir, pero que iban a chequear y ver si estaban en el programa original, pedimos los listados del programa original pero no nos los dieron. La semana pasada volví a hablar por teléfono con él, me explicó que las viviendas ya estaban por entregarse y que había habido una limpieza en esas listas, pero hay otro ingrediente que es quién decide quiénes entran por las personas que se dieron de baja. Es decir, la asociación civil vinculada al PRO pone 438 familias, se supone que algunas de ahí no cumplían con los requisitos, entonces se tienen que meter nuevas familias, pero quién define de las 800 familias que quedaban qué familias entran ahí, es también la asociación civil de Diego Basualdo. Cuando esta persona tuvo que elegir, empezaron a circular los pedidos de plata. Muchos vecinos se acercaron a contarnos que estaban pidiendo 30.000, 50.000 pesos para estar en la lista e ingresar en esos huecos limpiados por el IVC”, agregó la periodista.

Riachuelo

Todas las viviendas sociales que construyó Mauricio Macri en sus ya más de siete años de gestión fueron por orden judicial. Al ejemplo de Casa Amarilla se suma la causa Mendoza, que afecta a los vecinos de Villa 21 y Villa 26 que debieron abandonar sus casas para liberar el camino de sirga del Riachuelo.

En 2004 un grupo de vecinos presentó una demanda para reclamar la recomposición del ambiente y la creación de un fondo para financiar su saneamiento. En 2008, la Corte Suprema determinó que la Nación, la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, además de 14 municipios, debían llevar adelante las acciones y las obras de saneamiento. Así fue como Macri se vio nuevamente obligado por la justicia a dar una respuesta social a los vecinos.
Se está por aprobar el presupuesto nacional para 2014. Se fijan nada más ni nada menos que 9.855 millones de dólares para pagos de deuda externa, que se sacarán de las reservas del Banco Central. Es decir, un 70,4% más que lo presupuestado para 2013, equivalente al 28% de las reservas del Banco Central. Por cada peso que se pagará en concepto de Asignación Universal por Hijo, se abonarán 4,6 por deuda externa.

Y eso no es lo peor: se “dibuja” que el crecimiento del PBI en 2014 va a ser del 6,2%. Lo que obliga a pagar un bono de deuda (el llamado Cupón PBI, que se paga cada vez que el PBI crece más de 3,2% anual) por 4.000 millones de dólares más el año que viene y una cifra igual en 2015.

La deuda externa es ilegal, inmoral...

Para muchos puede aparecer como chocante la idea de no pagar una deuda. Es lógico: si un compañero de trabajo me presta cien pesos para un remedio y no se lo devuelvo, estoy cometiendo un acto injusto. Pero la deuda externa es otra cosa. Nació en la época de la dictadura militar. Nos metieron “préstamos” que nunca recibimos y se incluyeron otros que habían tomado grandes empresas privadas (locales y extranjeras) -con la llamada “estatización” de la deuda de Cavallo en 1982. A partir de allí, pese a que la pagamos varias veces, la deuda externa siguió creciendo cual bola de nieve.

Se trata de una “deuda odiosa”: se llama así cuando, a pesar de pagarse, por su carácter usurario, los pagos solo cubren una parte de los intereses, mientras el monto global de la deuda sigue creciendo. Así, durante el menemismo se entregaron empresas estatales (privatizaciones) a cambio de pagos de deuda. En estas décadas se realizaron varios canjes: el Plan Brady con Menem; luego otro con Cavallo en 2001 y ya vamos por tres con el kirchnerismo. En todos los casos significó superganancias para los especuladores que ingresaron al mismo, mientras la deuda, tras un brevísimo período, volvía a crecer astronómicamente.

Alejandro Olmos inició una investigación sobre la deuda en 1982. Probó 477 operaciones ilegítimas. Finalmente, el 13 de julio de 2000, el Juez Ballesteros dictó un histórico fallo: “la deuda externa de la Nación ha resultado groseramente incrementada a partir de 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar que puso de rodillas al país”. La sentencia fue remitida al Congreso de la Nación para que “evalúe las consecuencias políticas y actúe en consecuencia”. Desde entonces, duerme allí el sueño de los justos.

¡E impagable!

La pagamos varias veces con los planes de ajuste de Alfonsín. La volvimos a pagar con el desguace de las privatizaciones durante el menemismo. La pagamos nuevamente con ajustes salvajes de la Alianza, que incluso llegó a reducir los salarios públicos y jubilaciones. Y durante el kirchnerismo somos “pagadores seriales”. Este gobierno asumió en 2003 con una deuda de 144.000 millones de dólares, pagaron en efectivo 173.000 millones (se vaciaron las cajas del Anses y las reservas del Banco Central) y, después de proclamar el “desendeudamiento”, hoy reconocen oficialmente 196.143 millones de dólares (que en realidad, son más de 300.000).

En estos días todos votaron en el Congreso reabrir por tercera vez el canje de la deuda a los fondos buitre, oficialistas y opositores -diputados de Massa, Macri, Alfonsín-. Son del mismo partido: el de pagar la deuda como prioridad número uno. Nosotros, por el contrario, estamos convencidos que no hay salida sin dejar de pagar esa deuda usurera. Por eso hay que movilizarse por el no pago y tener diputados de izquierda que luchen por ello en el Congreso.

¿Qué pasa si no pagamos?

El gobierno, la oposición patronal y los economistas del establishment plantean que “es imposible” dejar de pagar. Anuncian terribles consecuencias: dicen que nos bloquearán económicamente y no vamos a poder comprar ni un tornillo, que cerrarán las industrias o que no vamos a poder comprar medicamentos y que nos embargarán los bienes en el exterior, que quedaríamos “aislados del mundo” y un largo etcétera. Esto es totalmente falso. Al contrario, quienes se perjudicarían con el no pago serían los banqueros, las grandes potencias imperialistas y los organismos internacionales, como el Banco Mundial.

El no pago de deuda ha sido muy frecuente en la historia: grandes potencias lo hicieron (los propios Estados Unidos antes y después de la guerra de Secesión; Inglaterra, Francia e Italia en 1933), sucedió en las grandes revoluciones (Unión Soviética en 1905 y 1917, Cuba en 1959) y hay numerosos casos en las últimas décadas (México 1982, Bolivia y Costa Rica 1984, Perú 1986, Brasil 1987, Rusia 1998, Ecuador 1999, Islandia 2010).

El caso más conocido para nosotros fue la cesación de pagos de nuestro país en diciembre de 2001, decretada producto de la inmensa rebelión popular del Argentinazo: aun siendo parcial (sólo involucró a los acreedores privados y al Club de París, pero se siguió pagando al FMI y al Banco Mundial), sirvió para aliviar las penurias de la desocupación y la miseria de entonces, ya que más de dos millones de planes sociales fueron financiados con lo que estaba presupuestado para pagos de deuda en 2002. Y mucho más aun se hubiera podido hacer si los Kirchner no hubieran regalado plata en efectivo y por adelantado al FMI primero y retomado los pagos a los bonistas a partir de 2005.

La cesación de pagos de 2001 (o “default”, como se lo denominó) demostró que era mentira que nos “iban a embargar todo”. Más allá de algunas declaraciones altisonantes, lo único que sucedió fue el episodio de la Fragata Libertad (que se debió más a impericia política que a otra cosa). El país no quedó aislado, más aún, en los años siguientes hubo una importante reactivación económica.

Pero supongamos por un instante que ante una nueva situación de no pago, algún poder imperialista lograra embargarnos algo. Para contrarrestar esta medida no tendríamos más que proceder a embargar las propiedades imperialistas en nuestro país: ellos tendrían mucho más para perder que nosotros. Y si a pesar de esto se diera el caso de que, efectivamente, lograran impedir que algún tipo de bien esencial ingresara a la Argentina, recurriríamos a la solidaridad de los pueblos de Latinoamérica, promoveríamos un frente de países deudores y podríamos utilizar de conjunto toda la riqueza continental, lo que nos haría invencibles ante cualquier intento de bloqueo. Y si hubiera que hacer algún sacrificio, sería en pos de liberarnos de los usureros, no como ahora que seguimos hundidos en la dependencia y sumisión con el imperialismo.

Lo “imposible”, entonces, no es dejar de pagar la deuda, sino la perversidad de seguir pagándola con la pobreza de nuestro pueblo.

J.C.

La deuda y los inundados

El gobierno dijo que destinó 280 millones de pesos para paliar las consecuencias que sufrieron los inundados de La Plata, provincia de Buenos Aires y Capital. Lo que no dice es que ese mismo día destinó un pago de deuda por 2.400 millones de... ¡dólares! Es decir, 50 veces más que aquella cifra.

Está claro. La prioridad K está con los usureros, no con los que sufren muertes y daños irreparables por obras que no se hacen, centralmente, por pagar una deuda repudiable.