domingo, 9 de febrero de 2014

La devaluación y la batalla por los precios 


por Julio C. Gambina 

Transitada la primera semana del tipo de cambio en torno a los 8 pesos, la discusión está en la lucha por el reordenamiento de los precios.

Las remarcaciones fueron la respuesta inmediata en variados rubros. Casi nada mantuvo los precios previos a la devaluación (los que venían en alza) y eso obligó a un accionar de política económica para inducir reducciones de los precios en diferentes rubros.

En ese sentido sobresale la convocatoria a retrotraer precios al 21 de enero, previo a la importante devaluación gestada en esos días. Sin embargo, las propias autoridades aceptaron incrementos de hasta el 5% en lavarropas o heladeras, la llamada línea blanca, y 7,5% en electrodomésticos. La causa de esta convalidación está asociada al modelo industrial vigente, de armaduría, con elevada presencia de partes y componentes importados, que agregan mayores costos de producción desde la devaluación.

Como vemos, no solo cuestiones de coyuntura aparecen en la realidad, sino que se evidencia la presencia de problemas estructurales, tal como el modelo de desarrollo industrial y su política.

La pelea es por los precios
Esta es la primera pelea que surge luego de la devaluación, la pelea por los precios.

Más allá de la discusión entre fijadores de precios y gobierno, la inflación se siente en la disminución de la capacidad de compra de los ingresos populares y por ello interesa la discusión, entre otros, del precio de la fuerza de trabajo.

Es una preocupación que pasa por los salarios, las jubilaciones y los subsidios de la política social, que están en la base de una protesta social que ocupa nuevamente la agenda política en el país.

Más allá de paritarias en danza, algunas compensaciones aparecen ante el reclamo de los trabajadores, caso del transporte de larga distancia en vísperas del fin de semana.

Los movimientos territoriales, perceptores de planes demandan ajustes de sus ingresos con movilizaciones de ocupación de calles que encuentran preventivas medidas de seguridad que habilitan propuestas reaccionarias de represión.

Por eso, la batalla en estas horas es por los precios de la canasta de consumo cotidiana, pero también del dinero, ya que la tasa de interés fue inducida al crecimiento desde el Banco Central, que aumentó esta semana las tasas de LEBAC y NOBAC a 25,52% y el 25,89%. Estos títulos son parte del pasivo del BCRA y orientan al sistema financiero sobre inversiones.

A su vez, los bancos respondieron con alzas en las tasas ofrecidas a sus ahorristas inversores, elevando con ello el costo el costo del crédito a niveles muy difíciles de sostener por los sectores no hegemónicos. Es un adicional más en la transferencia de costos que engordan los precios que paga la población.

Lo curioso de la cuestión es que lo que se instaló como debate fue la compra de dólares, permitida desde esta semana, obviando el análisis más profunda del impacto de la devaluación y su impacto sobre los precios.

Es que la posibilidad de acceder a la compra de divisas movilizó a una parte de la población con ingresos declarados al mercado de divisas, en lugar de orientar ahorros en satisfacer necesidades de consumo, que al tiempo que las resuelven motorizan la producción.

El resultado concreto es el estímulo a la especulación, en pequeña escala, es cierto, pero especulación al fin, con un resultado de pérdidas de reservas del orden de los 200 millones de dólares diarios, comprometiendo recursos de la sociedad que bien podrían constituirse en fondos de promoción de modelos productivos y de desarrollo para satisfacer demandas y reivindicaciones sociales y ambientales extendidas.

Se generaliza un sentido común favorable a la especulación, en este caso en la compra y atesoramiento de divisas. Según la información oficial, decenas de miles de pequeños inversores compraron promedio menos de 600 dólares. Es una cifra relativamente pequeña, pero que en volumen constituye una importante fuente de pérdidas de reservas internacionales.

Está claro que en sentido contrario, la política gubernamental apunta a restituir reservas que bajan desde los 52.000 millones a comienzos del 2011 a poco más de 28.000 millones de dólares al cierre de esta semana.

El acceso a la compra de divisas deteriora esa posibilidad y estimula la perdida de reservas, a contramano de la necesidad de engordarlas, lo que se busca con negociaciones a las cerealeras para que liquiden cerca de 4.000 millones de dólares almacenados en silobolsas, según fuentes gubernamentales.

La apuesta es al “mercado” y como siempre, se contesta con el “bolsillo”, con el resultado de escaso ingreso de divisas y fuertes salidas que disminuyen el stock de reservas internacionales. Es el resultado de un “mercado libre” más allá de las restricciones a las importaciones y la compra venta de divisas, o la gestión administrada en manos del BCRA.

Nacionalizar el comercio exterior y la banca

¿Tiene sentido mantener el actual sistema? Algunas voces, tal como anticipamos hace poco, comienzan a demandar la nacionalización del comercio exterior e incluso de la banca, ante las maniobras del sector financiero asociadas a la especulación de sectores monopólicos, como denunció oportunamente el propio gobierno.

La apuesta es a que los sectores del agro vendan su producción almacenada y engrosen reservas. La respuesta es que los mueve una lógica inversora, capitalista, a la espera de nuevas devaluaciones para mejorar la rentabilidad del capital invertido. En ese sentido no hay límite y por eso, aun siendo pequeño el mercado ilegal de las divisas, este presiona como objetivo a alcanzar por especuladores y grandes productores y exportadores.

Si ya se devaluó a 8, el interrogante de estos sectores es por qué no ir por más. Por ello insistimos que además de la coyuntura deben pensarse los problemas estructurales en que deriva la tendencia a la concentración de la producción, del monocultivo de la soja y al dominio de lo central de las exportaciones argentinas que ponen en discusión la nacionalización del comercio exterior y la banca.

Pero también hay búsqueda desde la política del gobierno de inversores externos o el retorno al mercado de crédito mundial, todo con el fin de lograr ingresos de divisas que contrarresten la pérdida de reservas.

Las malas noticias son la realidad, y a contramano de la aspiración por el ingreso de recursos externos, las señales vienen en sentido contrario. Es que el CIADI falló otra vez contra Argentina, ahora por 21 millones de dólares más intereses en una demanda presentada por Impregilo de Italia. Argentina había recusado el fallo del 2011 y ahora es fallo en firme.

¿Será ello un anticipo de más deuda pública? Hace poco se reconocieron sentencias por 500 millones de dólares y se decidió pagar con bonos de la deuda pública.

Vale recordar que las demandas cursadas ante el CIADI suman más de 10.000 millones de dólares, por lo que urge salir del CIADI, un ámbito del Banco Mundial. Hay que recordar que Brasil nunca integró ese ámbito y Ecuador, Venezuela y Bolivia se retiraron en el último tiempo.

Sin perjuicio de lo sostenido de la nacionalización del comercio exterior y de la banca, se impone también denunciar la participación Argentina en el CIADI y terminar con las amenazas y sanciones que finalmente paga el conjunto de la población argentina.

Como vemos, la coyuntura económica está fuertemente asociada a problemas estructurales que no pueden obviarse y que convocan a su discusión para soluciones creativas en la perspectiva de modificar la ecuación de beneficiarios y perjudicados en la sociedad argentina, lo que nos lleva al terreno de la lucha política y el poder.
MANIFIESTO: EL PROBLEMA ES LA DEUDA.

El presente trabajo busca sintetizar un encuadramiento conceptual y metodológico de la problemática de la deuda pública argentina aplicada a la nueva crisis de Deuda que vive nuestro país.

Es paradójico, por no decir sintomático, que todo el mundo (oficialismo, oposición, medios de comunicación, economistas, periodistas especializados, etc.) hablen de la crisis actual de la Argentina refiriéndose a los problemas de la inflación, del tipo de cambio, del déficit fiscal, de los subsidios, del desequilibrio de la balanza de pagos y otras cuestiones conexas – cualquiera sea su importancia intrínseca – pero no hagan mención alguna a la grave crisis de la  Deuda, que es la que hoy determina, directa e indirectamente, todos esos problemas.

Esta ignorancia cómplice constituye un paradigma de la ceguera – o la sumisión - de la clase dirigente argentina frente a los verdaderos problemas clave del país, siendo así que quien no identifica debidamente los problemas y su categoría relativa no puede luego elaborar diagnósticos y mucho menos alternativas de solución para tales problemas de fondo.

Soslayar la cuestión de la Deuda Pública es como tener metido un elefante dentro del living de la casa y negar su existencia. Peor aún, no un elefante – que es un animal pacífico – sino un monstruo del tamaño de un elefante y al que hay que “alimentar” continuamente, porque si no se pone “nervioso” y puede hacer un desastre.


IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA: LA DEUDA.

La deuda pública es una de las tres fuentes de financiamiento clásicas del Estado, junto a la recaudación fiscal y la emisión de dinero.

Pero con una importante diferencia: que mientras las otras dos no tienen costo para el Fisco la deuda sí lo tiene porque hay que devolver el capital prestado y además pagar los intereses.

Por ende, se da el hecho que si la deuda crece en forma relevante y deviene prácticamente impagable – como en nuestro país y en la mayor parte del mundo – se produce la paradoja que hay que aumentar las otras dos fuentes de financiación (la presión tributaria y la emisión de moneda) para atender los costos de la fuente deuda.

Ello genera una profunda distorsión en la estructura de las finanzas públicas y  esto es justamente lo que está ocurriendo hoy en la Argentina.

Por lógica, la deuda – toda deuda – es o debiera ser un procedimiento excepcional en la vida de las personas, de las empresas y del Estado: no constituye una forma de financiamiento normal sino extra-ordinaria.

Cuando la deuda, en cambio, se utiliza como forma regular, continua o permanente por parte de los gobiernos, esa deuda va adquiriendo magnitud y toma incluso autonomía de los compromisos originales, vía novaciones y refinanciaciones varias, para pasar a tener una vida propia e independiente desconectada ya formalmente de las obligaciones que le dieron origen: un pasaje al anonimato de los primitivos acreedores y sus continuadores; un verdadero proceso de “lavado de deuda”.

El problema deviene entonces el de una refinanciación perpetua de las deudas de arrastre sin verdadera capacidad de repago y con incremento por nuevas deudas para cubrir el déficit fiscal que esa masa de endeudamiento provoca.

Usando una analogía biológica: la deuda se convierte entonces en una patología del financiamiento del Estado, una suerte de enfermedad cancerígena que se expande y contagia todo el metabolismo económico-financiero de la hacienda  pública y de la economía en general.

Esta característica en cuanto a su naturaleza va unida íntimamente a otra que es de enfoque, funcionamiento o finalidad.

La deuda no es un problema aislado, la deuda es un sistema y como tal se rige por una lógica. La lógica que rige el sistema de la deuda es la Usura, entendida no sólo como la posición abusiva del acreedor sobre el deudor sino como algo peor e irreversible: la condena de que el deudor nunca pueda dejar de ser deudor.

Esto consagra la trampa de la Deuda Perpetua: una deuda que no puede ser pagada y que, por ende, precisa continuamente la refinanciación sistemática y la toma de deuda nueva.

Para convalidar este sistema de la Deuda, el establishment financiero - con la complicidad de los gobiernos de turno y del funcionariado servil a sus intereses - consagra el absurdo discurso que dice que no hay problema en tomar deuda sin solvencia fiscal mientras haya fondos suficientes para pagar los intereses y refinanciar permanentemente el capital.

Se trata de la falacia central en el discurso del “partido de la Deuda” y es el nudo del argumento clásico de “honrar” las deudas que se asumieron a través de delitos contra los intereses del Estado.


DIAGNÓSTICO DEL PROBLEMA DE LA DEUDA.

La Argentina tiene una deuda pública impagable: los funcionarios superiores intervinientes firman obligaciones por reestructuraciones y nuevas deudas que no tienen capacidad demostrada de repago.

La realidad nos demuestra que la deuda del Estado constituye un conjunto de obligaciones de cumplimiento imposible y, como tales, destinadas a mantener un mecanismo indefinido de servidumbre financiera.

La deuda pública en cabeza del Estado Central – según datos oficiales al 30.6.2013 – es de unos 208.000 Millones de Dólares (MD), pero esta cifra omite una masa de deuda no registrada por casi 100.000 MD más: 72.000 MD de intereses a pagar, 2.000 MD por capitalización de intereses, una suma imprecisa y variable por indexaciones de la deuda en pesos ajustada por CER y el abono de cupones PBI (que se estiman en unos 15.000 MD todavía faltantes de pago).

Ello significa que la Deuda Pública real estaría actualmente en el orden de los 300.000 MD y no los 196.000 MD que presenta engañosamente el gobierno.

Esta deuda, empero, no incluye la deuda de Provincias (unos 30.000 MD) y Municipios (sin datos), la deuda de Empresas del Estado (con YPF a la cabeza), Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios (también sin datos), la deuda cuasi-fiscal del Banco Central (BCRA, por unos 20.000 MD), las deudas del Banco Nación y otros bancos oficiales (sin datos actualizados ni consolidados) y las deudas del Tesoro por juicios contra el Estado con sentencia en firme (igualmente sin datos siquiera aproximados). 

Debido a la falta de informaciones oficiales no es posible cuantificar entonces la Deuda Pública Nacional de la Argentina pero es posible que la misma tenga hoy un piso del orden de los 400.000 MD.

Esta enorme masa de endeudamiento no puede ser pagada y es la causa principal de la pérdida de los superávits gemelos del gobierno Kirchner: fiscal y externo o de balanza de pagos.

La deuda institucionaliza así un problema de desfinanciamiento estructural del Estado, cuyo análisis ya ha sido pormenorizadamente desarrollado en toda una serie de trabajos y libros por el autor de esta nota.

La crisis de Deuda por incapacidad de repago frente al perfil de vencimientos del 2014 (más de 44.000 MD) y las duras negociaciones en curso para poder reestructurar las deudas con holdouts en los tribunales de Nueva York, las de empresas transnacionales ante el CIADI y la deuda con los países del Club de París, así como las exigencias para la continuidad de los programas de financiamiento de los organismos financieros internacionales (Banco Mundial, BID y CAF), han llevado hoy a una nueva crisis financiera del Estado Argentino.

El gobierno Kirchner carece de recursos propios en el Tesoro y de reservas netas en el BCRA para poder afrontar los vencimientos públicos y privados de la deuda: el país se encuentra así, otra vez, en situación de virtual default.

¿Cuál es el costo del ocultamiento de esta situación? ¿Cuál es el costo de negar la existencia del “elefante invisible”? ¿Cuál es el costo de esta ficción?   

El problema es que los gobiernos de turno – y el de Kirchner es uno de ellos – son cómplices de los acreedores de la Deuda en este ocultamiento; y que lo hacen a favor de los mismos y en contra de los intereses del Estado.

Por eso ocultan esta situación de default: porque los acreedores del “club de la Deuda” no se beneficiarían con el blanqueo de tal default ya que no tendrían interés en matar un país tipo “gallina de los huevos de oro”, que les está batiendo récords de pagos de deuda externa, que se jacta de hacerlo (los 174.000 MD de una presidenta que se dice “pagadora serial”) y que les viene reiterando su “vocación pagadora” a costa de vaciar las reservas del BCRA y de empapelar al propio sector público traspasándole deuda con terceros que ahora deviene impagable en manos del Estado.

Son acreedores que se supone no tendrían interés en voltear al gobierno o, mejor dicho, que no tendrían interés en liquidarlo por ahora, hasta tanto no hayan extraído del gobierno las suficientes concesiones de su administración debilitada, con la descarga previa de diversos trabajos “sucios” o conflictivos dificultosos para toda administración gubernamental (como la devaluación, la corrección temporaria del desajuste de precios y salarios, la firma de convenios con empresas extranjeras como Chevron y Repsol, etc.).

Y esto es también una regla: tradicionalmente los gobiernos bajo crisis financiera y política son usados para  lograr este tipo de ventajas y, a la vez, para aprovechar las condiciones de inestabilidad, descontrol e incertidumbre así generadas para cerrar operaciones y negociados de todo  tipo antes de proceder a su eventual descarte (caso gobierno del Proceso 1982-1983, Alfonsín 1985-1987 y luego 1989, Menem 1990 y 1995, De la Rúa 2001, Kirchner 2005 y CFK 2011-2014). 

Es necesario entender cómo opera el Sistema y cómo funcionan estos Ciclos de Deuda para comprender lo que está pasando hoy con la crisis del Verano 2014, donde el gobierno Kirchner está forzado a definir una tablita cambiaria peso-dólar que le permita negociar cualquier acuerdo de pago con los acreedores, está llevando a cabo una fuerte devaluación que le serviría para licuar parte de la deuda pública interna y para tratar de bajar el costo de los salarios reales del Estado, está aumentando las tasas de interés garantizando así mayores rentabilidades por negocios bancarios y mejores condiciones de arbitraje entre tipos de cambio y tasas de interés locales para los capitales financieros internacionales. Y todo ello, como requisito para retornar al mercado internacional de capitales ... para volver a endeudarse. 


ALTERNATIVAS FRENTE A LA CRISIS DE DEUDA.

No hay alternativas de solución o replanteo de ningún problema sin diagnóstico; y no hay diagnóstico sin identificación del problema.

Esta tercera parte – después de cubrir las dos anteriores - no pretende abarcar en forma desagregada una ponencia del autor en esta materia (cosa que excede  las posibilidades personales) pero sí exponer lo que se considera debieran ser los lineamientos básicos de una respuesta rápida y de fondo frente a la crisis de Deuda.

Es algo así como la respuesta obligada a la pregunta de qué se propone concretamente frente al cuadro de situación trazado del problema de la Deuda.

Casi todos los grandes problemas existenciales y en cualquiera de sus niveles de decisión – personal, empresarial, estatal – presentan el dilema de base de convivir o confrontar.

Si hubiere una administración de gobierno en la Argentina que realmente quisiera confrontar y no convivir con el sistema de la deuda perpetua y sus crisis periódicas, hoy pudiera encarar las siguientes decisiones básicas e inmediatas:

a)    Constituir una comisión investigadora especial e interdisciplinaria de la Deuda Pública Argentina, con suspensión de todos los pagos de servicios hasta tanto dicha comisión se expida. Esto implica un default técnico y una moratoria unilateral.

b)    Aclarar que la Comisión tendrá plazo de un año para expedirse y, paralelamente, un grupo especializado dentro de la misma procederá a fijar la metodología para determinar la capacidad de pago del país sobre la deuda que - como producto de las investigaciones – se declare legítima.

c)    Aclarar también que el alcance de la investigación comprenderá toda la Deuda Pública Nacional (Nación, Provincias y Municipios), la Deuda Pública Indirecta (Empresas del Estado, Organismos Nacionales y Fondos Fiduciarios), las deudas del BCRA y los bancos oficiales, la deuda contingente por avales/garantías y la deuda por juicios contra el Estado con sentencia en firme (así como un relevamiento completo de todas las demandas, internas y externas, contra el Estado).

d)    Elaborar un censo e historial completo de la Deuda Pública Nacional. Esto comprenderá un relevamiento total de los acreedores del Estado – presentes y pasados - que explique la evolución de todos y cada uno de los títulos de deuda que comprometan al Fisco.    

e)    Suspender las negociaciones secretas en curso vinculadas a las reestructuraciones de deuda con holdouts, reclamos ante el CIADI y deudas con el Club de París.

f)    Activar las causas escandalosamente demoradas por la Justicia sobre investigación de las irregularidades de la deuda – Olmos II, Megacanje 2001 y denuncia Olmos Gaona-Marcos – incluyendo la cuestión de las nulidades emergentes del fallo Ballestero sobre la Olmos I.

g)    Someter a investigación a todos y cada uno de los funcionarios superiores responsables – pasados y presentes - intervinientes en las actuaciones de endeudamiento de la Argentina para determinar específicamente su cumplimiento o no de los deberes/obligaciones como funcionarios públicos, abarcando los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

h)    Investigar el rol y las actuaciones de todos y cada uno de los estudios, consultoras y/o asesorías que hayan participado en las operaciones de deuda pública, empezando por el estudio Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, de Nueva York.

i)    Abrir una investigación específica sobre la deuda externa con los países del Club de París.

j)    Suspender la ejecución de todos los préstamos en curso de organismos financieros internacionales - Banco Mundial, BID y CAF – y someterlos a revisión.

k)    Abrir una investigación específica sobre el rol del FMI en el endeudamiento público argentino y revisar la afiliación argentina a dicho organismo.

l)    Proponer la constitución de un comité conjunto con el gobierno ecuatoriano para colaborar con la comisión investigadora especial de la Argentina a los fines de acceder a las investigaciones ya realizadas allí sobre la ilegitimidad de la deuda pública en ese país.

m)    Solicitar reuniones urgentes de los organismos internacionales regionales de Ibero-América (CELAC, UNASUR, MERCOSUR) a los fines de informar las decisiones tomadas por la Argentina y pedir eventualmente la colaboración, adhesión y/o respaldo de otros países a las medidas adoptadas.

Todos estos puntos tienen, sin embargo, el denominador común o requisito de base planteado al inicio: la voluntad política de confrontar y no seguir conviviendo con un sistema de deuda perpetua.

Es el pre-requisito, hoy utópico, de que tome cartas en el asunto una nueva clase dirigente dotada de tres elementos que nunca existen combinados en la Argentina: capacidad, honestidad y coraje.


EN CONCLUSIÓN:

Los momentos de Crisis de Deuda, como el que estamos viviendo, no son puntos de ruptura sino de inflexión dentro de los Ciclos de Endeudamiento.

No son instancias de quiebre o final sino de cambio de etapas, porque las Crisis periódicas son parte del Ciclo.

Pero son también momentos de oportunidad y desafío contra el sistema de la Deuda.

Todo el esfuerzo conjunto de las tres patas de formación de la opinión pública -  oficialismo, oposición y prensa – está puesto hoy precisamente en sentido contrario, como siempre:  en el distractivo del problema central de la crisis, que es la Deuda.

Por eso se cargan las tintas sobre los efectos – la inflación, el dólar, el déficit fiscal, los subsidios – pero se oculta la causa, que es la Deuda.

La cobardía y la inoperancia de la clase política al soslayar el problema de la Deuda en estos momentos en que la sociedad argentina está sufriendo nuevamente sus graves efectos es uno de los ejemplos más claros de su complicidad, de su corrupción y de su traición a los intereses de la Patria.    


Lic. Héctor L. GIULIANO
Buenos Aires, 2.2.2014.
CUADRO DE SITUACIÓN DE LA CRISIS DE DEUDA 2014.

El propósito de este trabajo es ahondar un poco más el análisis de las novedades que se están produciendo hoy en la Argentina en el marco de la nueva crisis de Deuda Pública que sufre el país.

Este artículo es continuación directa de los dos últimos del autor: “Dólar y Crisis de Deuda Pública” y “La crisis de Deuda del Verano 2014”, del 24 y 20 de Enero de este año respectivamente.

Dada la falta casi total de noticias oficiales sobre lo que está ocurriendo en materia de endeudamiento lo que sigue es un intento de reconstruir el gravísimo cuadro se situación que está enfrentando el gobierno Kirchner derivado de su propia política de Deuda.


DEUDA, INFLACIÓN Y DEVALUACIÓN.

Durante el corriente año la administración Kirchner tiene que pagar Intereses de la Deuda Pública por 77.300 M$ (Millones de Pesos), equivalentes a 12.200 MD (Millones de Dólares, al tipo de cambio de 6.33 $/US$ del Presupuesto 2014). Es el 73.8 % más que lo previsto pagar en el 2013.

En este año los vencimientos de Capital son de 280.400 M$ (44.300 MD) y se prevé tomar nuevas deudas por 360.700 M$ (57.000 MD), es decir, por 12.700 MD más: toda la deuda que vence se refinancia – íntegramente – y además se toma deuda nueva.

El Informe de Deuda Pública del Ministerio de Economía (MECON) – última información disponible al 30.6.2013 – muestra una cifra de vencimientos muy inferior a la aprobada por el Congreso con el Presupuesto 2014 (que es la que vale): 6.900 MD de Intereses y 28.000 MD de Capital.

Según esta incompleta información oficial los vencimientos de Capital e Intereses que debe afrontar el gobierno son de 11.600 MD durante el primer trimestre de este año: 6.000 MD en Enero, 2.600 MD en Febrero y 3.000 MD en Marzo. La mayoría son Títulos Públicos, particularmente 3.600 MD de BONAR 14 el 30.1, que habrían sido ya canjeados en su totalidad en estos días por otros bonos con vencimiento 2019 y a una tasa variable del 24-25 % de interés anual.

La administración Kirchner no tiene dólares para cumplir con todas estas obligaciones porque no tiene reservas netas o propias en el Banco Central (BCRA), no tiene pesos suficientes porque tiene déficit fiscal creciente en la Tesorería y el financiamiento con emisión de dinero provoca más Inflación, y no puede tomar más Deuda Pública porque no tiene capacidad de repago.

La Crisis de Deuda ha venido provocando así un aumento de la inflación por vía de la sobre-emisión monetaria sin correlato en el crecimiento de la producción de bienes y servicios:

a)    El BCRA emite pesos sin respaldo para comprar dólares, con lo que aumenta la Base Monetaria (BM) y estas divisas se adquieren para reponer los dólares que se prestan al Tesoro para pagar Deuda Externa a través del llamado Fondo de Desendeudamiento Argentino.

b)    El mismo BCRA emite pesos para financiar al Tesoro a través de Adelantos Transitorios – de renovación permanente - para que el gobierno pague deuda en moneda nacional, con lo que también aumenta la BM.

c)    El BCRA rescata luego la mayor parte de estas emisiones monetarias con letras/notas (Lebac/Nobac), por las que paga altas tasas de interés (que hasta ahora eran del orden del 19-20 % y hoy han pasado al 27 % anual).

Esto significa que, en definitiva, las Reservas se compran con Deuda y que los tres factores tienen por causa común el problema de la Deuda Pública.   

A su vez, el gobierno Kirchner venía manteniendo en los últimos años un fuerte retraso cambiario, explicado no sólo como ancla anti-inflacionaria sino, sobre todo, como forma de sostener parcialmente su capacidad de pago frente a la Deuda Externa Pública con Terceros (Acreedores privados y Organismos Financieros Internacionales), puesto que el Estado recauda en pesos y un tipo de cambio bajo le facilita entonces el cumplimiento de sus compromisos en moneda extranjera.

Este corsé cambiario empezó a hacer agua con el aumento de la inflación interna, que provocaba una apreciación real del peso, y derivó en una sistemática corrida hacia el dólar.

Pero no fue el peso del “chiquitaje” en la compra de dólares por atesoramiento ni por turismo al exterior lo que produjo el vaciamiento de las reservas internacionales del BCRA sino la propia política del gobierno Kirchner, que utilizó dichas reservas en gran escala para el pago de deuda externa (30.000 MD) y que paralelamente consintió increíblemente la salida masiva de capitales al exterior (90.000 MD en la “década ganada” 2003-2012).

Fue por culpa de esta política monetaria y cambiaria de la administración Kirchner, destinada a sostener en pago de la Deuda Pública y la fuga de capitales que se llegó a la actual crisis de Deuda por falta de divisas.

El cambio reciente de la política de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) y su repercusión en los Países Emergentes (cambio que se venía pre-anunciando desde hace meses) no fue la causa sino sólo uno de los detonantes de esta crisis financiera insoluble y propia de la deuda argentina.

Seguimos así en la trampa y el círculo vicioso de la Deuda Perpetua: a) el Estado no tiene fondos para el pago de los servicios de la Deuda, b) emite dinero para conseguir los dólares para aguantar los pagos indispensables, c) también emite para atender las necesidades de la deuda en pesos del Tesoro, d) esas inyecciones de dinero presionan sobre los precios, e) las elevadas tasas de interés que paga el BCRA por las Lebac/Nobac suben el piso de las tasas de interés del Mercado y presionan también sobre los precios a través de los costos financieros de las empresas, f) el aumento de la emisión de dinero baja la relación Reservas/Base Monetaria, g) la depreciación del peso por inflación produce una inevitable presión devaluatoria, que se expresa a través del dólar paralelo, h) simultáneamente, la inflación produce una apreciación real del peso frente al dólar, que se expresaba hasta ahora en un retraso cambiario, i) el gobierno intentó, tardía e infructuosamente, frenar la sangría de reservas con medidas insuficientes y desubicadas (cepo cambiario, entorpecimiento de las importaciones, restricción al giro de utilidades al exterior, etc.), j) estos esfuerzos se hicieron para sostener a ultranza los pagos de la Deuda Pública – Externa e Interna – a costa de traspasar obligaciones impagables a la Deuda intra-Estado, y k) la consecuencia fue la pérdida de los superávits gemelos – fiscal y externo – y la nueva Crisis de Deuda.


RADIOGRAFÍA DE LA CRISIS DE DEUDA.  

El estallido de la nueva crisis de Deuda - sin darle posibilidad de traslado a un nuevo gobierno - acelera la toma de decisiones forzadas por parte de la administración Kirchner frente a los problemas acumulados durante su propia gestión: blanqueo de situaciones que groseramente trataban de ocultarse, como la inflación, el retraso cambiario, el peso de los subsidios, el ajuste de las tarifas de servicios públicos, el déficit fiscal creciente, el desequilibrio de la balanza de pagos, la falta de reservas en el BCRA, la espiralización de precios y salarios, el empapelamiento del Estado con títulos públicos sin capacidad de repago y, fundamentalmente, el ocultamiento del perfil y concentración de vencimientos de la deuda pública.

A esto último hay que agregarle, muy particularmente, el problema de los vencimientos de la deuda externa privada, que al 30.6.2013 – última información disponible – era de 71.500 MD en total, de los que 23.200 MD eran Deuda Exigible porque estaba ya vencida y otros 25.000 MD vencía en el segundo semestre del año pasado; siendo que las obligaciones son privadas pero las divisas las tiene que proveer el BCRA.

Las nuevas medidas anunciadas por el gobierno a partir del viernes 24.1 ponen en evidencia el grave dilema que afronta la administración Kirchner frente a la proximidad de muy pesadas decisiones en materia de nuevo endeudamiento:

a)    Macro-devaluación del peso, con traslado a precios y consiguiente retro-alimentación de la inflación.

b)    Abandono de la idea de desdoblamiento cambiario y convivencia con una suerte de tipos de cambio múltiples (oficial, paralelo o blue, contado con liquidación, dólar Bolsa o MEP, dólar soja, etc.).

c)    Fuerte aumento de las Tasas de Interés, a partir de la elevación del piso fijado con la toma de deuda cuasi-fiscal del BCRA a través de Lebac/Nobac (un 25 % de base).

d)    Aceleración de las negociaciones en curso por las deudas públicas impagas y las nuevas deudas que se están tramitando.

El gobierno necesita imperiosamente ofrecer una “tablita cambiaria” que garantice a los actores internos de la economía argentina (empresas, sindicatos y población en general) pero esencialmente a los acreedores extranjeros, una relación estable peso-dólar para poder cerrar cualquier acuerdo de refinanciación y toma de deuda nueva.

Sin este requisito no hay cálculo económico ni financiero que pueda establecerse.

La administración Kirchner carece de reservas netas o propias en el BCRA: el stock de reservas hoy es prácticamente cero (con datos al 15.1.2014): Reservas Brutas por 29.900 MD menos Depósitos en moneda extranjera por 11.000 MD menos Préstamos de otros bancos por 2.200 MD = total de reservas netas de 16.700 MD.

Pero si a este stock se le resta el monto de Lebac/Nobac – 114.900 M$, equivalentes a 17.100 MD – el saldo pasa a ser negativo.

Y esto es así porque si el BCRA no remunera a los grandes bancos del “club de las letras/notas” con tasas del 25 % o más (hoy ya superiores al 27 % anual) esos fondos irían a presionar al mercado de cambios.

Frente a esta situación extorsiva en que los bancos pasan por la caja a cobrar o pasan por el escritorio a renovar sus obligaciones a mayor tasa de interés, el gobierno ha elevado la tasa mayorista de referencia Badlar Bancos Privados al 25 % y con ello se garantiza una mayor rentabilidad a los capitales financieros, se encarece el costo del crédito – una medida típica, de carácter ortodoxo, que amenaza recesión e inflación a la vez (estanflación) – y se favorece el negocio especulativo de los capitales externos por arbitraje entre tasas de interés y tipo de cambio.


LAS NEGOCIACIONES EN CURSO. 

Bajo la mentira de un falso “des-endeudamiento” el gobierno Kirchner vino ocultando que el stock de Deuda Pública ha crecido fuertemente pese a los grandes pagos de servicios que está realizando: la deuda aumentó 14.600 MD en 2011 y 18.800 MD en 2012, todavía no se sabe cuánto se incrementó en el 2013 pero estaba previsto que aumentase unos 12.100 MD; y para el 2014 está proyectado otro aumento, de 12.700 MD.

El aumento correlativo del pago de intereses es más que proporcional al aumento de los pagos de capital o principal de las deudas: 8.800 ó 9.400 MD en 2011, 10.200 MD en 2012, 10.800 MD en 2013 y 12.200 MD en 2014.

Estos importes oficiales, sin embargo, no reflejan las verdaderas erogaciones del Estado por servicios de la Deuda porque están tomados a un tipo de cambio que difiere del real, porque las cifras presentan fuertes variaciones entre las proyecciones que se presentan año a año, porque gran parte de la deuda está contraída a tasa de interés variable y fundamentalmente porque omiten los servicios producto de la deuda no registrada: capitalización de intereses por anatocismo, indexación de las deudas en pesos por inflación (CER) y pago de cupones PBI.

La administración Kirchner habla oficialmente de una Deuda Pública total de 196.100 MD – al 30.6.2013 – soslayando la deuda con los tenedores que no entraron en el Megacanje 2005-2010 (los holdouts) que estima en unos 11.500 MD, lo que llevaría el total a 207.600 MD (siempre con redondeo de cifras).

Pero a este importe falta sumarle los intereses a pagar en el futuro - que son 72.200 MD – la citada deuda no registrada por capitalizaciones, indexaciones y cupones PBI; y las deudas por juicios contra el Estado con sentencias en firme y/o reconocimientos ciertos que falta cuantificar con exactitud pero cuyos montos conjuntos se conocen estimativamente (como el caso de los reclamos ante el CIADI, tribunales de Nueva York y otras demandas locales y en el extranjero).

Ha sido precisamente la “explosión” de estas deudas no registradas o no expuestas por el gobierno lo que terminó descompaginando ahora su falsa versión acerca de una deuda pública manejable.

El panorama que afronta la administración Kirchner es así más que delicado y todos los frentes de negociación hoy abiertos implican aumento de la Deuda Pública, algunos de ellos a cifras incontrolables:

a)    En Octubre pasado el gobierno K apeló a la nueva fórmula de “pago de juicios con bonos” para abonar unos 500 MD por reclamos perdidos ante el CIADI, tribunal arbitral del Banco Mundial: la deuda con cinco empresas multinacionales por estos laudos perdidos se paga con bonos BONAR X por Capital y con BODEN 15 por Intereses (capitalización de intereses por anatocismo), a tasa de interés 7 % en dólares y fechas de vencimiento 2015-2017.

b)    Este acuerdo es posible que se convierta en un modelo tipo para el pago de todas las demandas que se pierdan ante el CIADI, cuyos reclamos totales estarían hoy en el orden de los 8 a 10.000 MD; y este tipo de acuerdo se habría firmado a cambio de mayores préstamos del Banco Mundial.

c)    Las negociaciones con los “fondos buitre” a raíz de los juicios perdidos ante los Tribunales de Nueva York – con el fondo Elliot, de Paul Singer a la cabeza – apelan a la misma fórmula de pago que los del CIADI: pagos mínimos en efectivo y gran resto en bonos, cosa que los acreedores, en principio, no aceptan. El gobierno analiza la posibilidad de atenuar algunas consecuencias del pago triangulando las operaciones con la ayuda de otros “fondos buitre amigos” (amigos del vicepresidente Boudou, como el caso del fondo Gramercy) pero igual implican parte de pagos en efectivo.

d)    La suma de deudas reconocidas por el gobierno Kirchner a los holdouts es hoy de unos 11.500 MD pero con intereses acumulados reclamados, punitorios, gastos y honorarios pudiera llegar en total entre 15 y 20.000 MD.

e)    Con el Banco Mundial rige un paquete de préstamos para el trienio 2014-2016 por unos 3.000 MD en el marco del programa Estrategia de Asistencia al País (EAP) o “alianza estratégica”, que pesó y se entiende que pesará para forzar el reconocimiento de muchas de las deudas argentinas reclamadas ante el CIADI.

f)    Con el Banco Interamericano de Desarrollo – el mayor acreedor entre los organismos financieros internacionales – rige igualmente un programa análogo al del Banco Mundial: un plan EAP por 6.000 MD con vigencia para el trienio 2012-2015.

g)    Con el Fondo Monetario (FMI) no se volvieron a contraer préstamos después del pago total y por anticipado de la deuda por 9.530 MD efectuado con reservas internacionales del BCRA a principios de Enero de 2006 pero nuestro país sigue siendo miembro del Fondo y, por lo tanto, sujeto a sus deberes como Estado miembro en materia de revisiones fiscales anuales por el Artículo IV del Estatuto y por la confiabilidad de sus estadísticas. Las reiteradas demoras en la regularización de estos dos puntos le permitieron a la Argentina ganar tiempo con la manipulación de las cifras de inflación del INDEC y, a la vez, liberaron al Fondo de expedirse sobre la situación de solvencia fiscal de la Argentina.

h)    Las negociaciones en curso por la deuda en default con el Club de París han avanzado aparentemente más rápido en los últimos tiempos, en paralelo a las de Nueva York con los fondos buitre. La administración Kirchner reconoce una deuda por capital e intereses de 6.000 MD pero los miembros del Club le estarían reclamando entre 9.500 y 10.000 MD sumando intereses acumulados, multas y punitorios. El gobierno estaría buscando una refinanciación blanda contra nuevas inversiones y créditos externos, pero ello requiere la normalización de relaciones con el FMI. El viaje del ministro Kicillof a París del 20.1 para llevar una propuesta especial al Club, si bien su contenido no fue revelado, puede haber sido uno de los detonantes de la crisis y de las medidas gubernamentales en curso.

i)    La administración Kirchner apeló al uso de los BAADE, originalmente concebidos como parte del nuevo Blanqueo de Capitales, como forma de endeudamiento “normal” en bonos del Estado, aunque hasta ahora esta vía habría tenido poco éxito.

j)    El acuerdo de Diciembre pasado del gobierno con las grandes Cerealeras para que las mismas tomen deuda externa privada para prefinanciación de exportaciones y presten al Estado 1.800 MD contra Lebac a 6 meses de plazo, constituye una forma de financiamiento de emergencia de alto costo – dólar linked más 3.65 % - y muy corto plazo.

k)    La variante de colocación de deuda bajo la modalidad “dollar linked” – deuda en dólares que se paga en pesos ajustados por tipo de cambio oficial – puede ser “dinamita” en las actuales condiciones de crisis de Deuda porque la fuerte y rápida devaluación del peso unida a la cortedad relativa de los plazos de vencimiento afectan fuertemente la capacidad de repago de estas obligaciones. Esto es particularmente grave para varias provincias que han colocado así deuda en moneda extranjera (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Chaco, Mendoza, etc.) y también para Empresas del Estado (caso YPF) y Privadas.

l)    Existe un acuerdo de pago con Repsol por la expropiación de las acciones de YPF que se mantiene en secreto (lo mismo que el convenio Chevron-YPF) pero ha trascendido que el monto a pagar por la Argentina sería del orden de los 5 o 6.000 MD. Los detalles acerca de la forma de pago habrían quedado parados en este momento por la crisis de Deuda Argentina aunque no cambiarían los compromisos asumidos.

m)    El pago de cupones PBI – producto del Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005 – implicaría abonar este año entre 3.500 y 4.000 MD o más. Esto sería, en gran parte, consecuencia de la sobre-estimación del PBI realizada por el INDEC al sub-estimar la Inflación del año 2013.

n)    Por último, los compromisos de la Hoja de Ruta Boudou estarían entrando en su recta final: liquidación del tema de los holdouts y arreglo con el Club de París para volver al Mercado Internacional de Capitales, esto es, para volver a endeudarse. Las presiones a este respecto parecen haberse potenciado y se sabe que existen varias iniciativas de paquetes de nuevos préstamos para obtener ulteriores refinanciaciones y/o proveerse de un “blindaje” bajo swaps de moneda para apuntalar las reservas.

La venta de títulos públicos en cartera de la ANSES – y presumiblemente también del BCRA y del BNA – es vista, en este sentido, como un preludio o ensayo de recolocación de deuda en el mercado, desprendiéndose el Estado de una parte de la Deuda acumulada intra-Sector Público que sirvió para traspasarle deuda con terceros. Con la particularidad que estos bonos se habrían comprado “caros”  y ahora se estarían vendiendo “baratos”, para frenar el alza del dólar Bolsa.

La actual Crisis de Deuda desatada en Enero del corriente año no retrasa sino que acelera los tiempos de definición de todo este esquema de re-endeudamiento generalizado y aumento sustancial de toma de nuevas deudas por parte del gobierno.


EN CONCLUSIÓN.    

La administración Kirchner se encuentra hoy en medio de una tormenta financiera provocada por una nueva Crisis de Deuda Pública derivada de su adscripción al sistema de Deuda Perpetua.

Las autoridades, en complicidad con la oposición política y los grandes medios de comunicación, ocultan la naturaleza y gravedad del verdadero problema argentino que es la Deuda.

En otras palabras, que la causa de la crisis financiera que vivimos no es la Inflación-Devaluación, no es el Déficit Fiscal, no es el desequilibrio de la Balanza de Pagos, sino que la causa es la Deuda.

El gobierno trataría hoy, contra-reloj, de lograr un “blindaje” y/o un “salvataje” parciales que le permitan “pasar el Verano” pero su debilidad lo lleva a contradicciones flagrantes con su discurso oficial pasado (no Devaluación, no Inflación, no problema de Deuda), a desprolijidades abiertas en sus decisiones políticas y administrativas (acuerdos de precios, cepo cambiario, aumento de tarifas), y a concesiones mayúsculas en sus decisiones de gobierno (Chevron-YPF, pago a Repsol, acuerdos con fondos buitre y Club de París, re-endeudamiento generalizado).

Es el momento más peligroso en que una administración fracasada, para salvar su propia existencia, termina comprometiendo en forma más irreversible todavía las finanzas del Estado.

Y lo hace al amparo de una Clase Política – Oficialismo y Oposición – que se guarda de denunciar las cosas como son, y que por eso calla en la cuestión de la Deuda.

Todas las informaciones sobre lo que se está negociando en materia de Deuda son absolutamente secretas: no se informa a la opinión pública, a los organismos de contralor del Estado ni al Congreso.

Por eso el establishment financiero está relativamente tranquilo frente a los hechos, a la espera de definiciones que, como “pera madura”, van cayendo en sus manos por el simple “acomodamiento de los hechos”.

Es otro caso de aplicación de la regla básica de todas las crisis de Deuda y que hoy amenaza repetirse en la experiencia histórica argentina: la paradoja de salir de una crisis de Deuda con más endeudamiento.-


Lic. Héctor L. GIULIANO
Buenos Aires, 31.1.2014

EL SENTIDO DEL DOLARAZO GUBERNAMENTAL
por El mangrullo argentino


1. El dolarazo
“Que esperen otro gobierno quienes quieren ganar plata con una devaluación”, dijo Cristina Kirchner en la campaña para las elecciones de octubre. Luego de la derrota electoral, nombró ministro de Economía a Kicillof. El día que asumió Kicillof, 20/11, el dólar estaba a $6,04, y ahora a $8,06 (27/1): el peso se devaluó un 33% para las personas que lo compren, lo depositen en un banco por un año, y tengan la suerte de que no inventen un “corralito”. Si lo llevan a su casa pagarán $9,67: una devaluación del 54,5%, y dentro de un año le reconocerán $1,61 como pago al impuesto a las ganancias.

Le fue mejor a los especuladores financieros y los monopolios que se manejan con el dólar “contado con liqui”. Ellos compran acciones en la Argentina de empresas que también cotizan en la Bolsa de Nueva York, transfieren esas acciones a Estados Unidos, las venden allá, y les acreditan los dólares en sus cuentas en el extranjero. A ellos, el dólar les costaba $8,95 el día que asumió Kicillof, y ahora les cuesta $11, es decir que tuvieron una devaluación de solo el 23%.

2. Dependencia, sumisión nacional e inflación
El gobierno mintió cuando dijo que no iba a devaluar, y vuelve a mentir ahora al decir que el dolarazo no provoca una trepada de la inflación.

La profundización de la dependencia argentina con la política kirchnerista, llevó a la destrucción de ramas enteras de la industria (máquinas herramientas, material ferroviario, textiles, etc.), que fueron reemplazadas por importaciones de China, Brasil, Estados Unidos y Europa. Otras fábricas son simples armaderos que importan los componentes de su producción, los ensamblan, y los venden como “nacionales”. Así, son importados el 70% de las autopartes, casi el 100% de los electrónicos, etc. En gran parte de las cadenas de producción, son importadas la mayor parte de las máquinas que fabrican, ensamblan, empaquetan o transportan a la inmensa mayoría de los productos; otras son ensambladas en Argentina con su mayor parte de componentes importados. Muchas empresas están endeudadas en dólares.

No pocas provincias están endeudadas en dólares, que pagarán más caros. El Estado Nacional, gana por el lado del aumento de la recaudación de impuestos, y por el otro lado, deberá gastar más pesos para comprar energía, y para seguir pagando la deuda externa.

Así, la dependencia y desindustrialización, profundizadas por “el modelo K”, lleva a que el dolarazo provoque otro salto en el aumento de prácticamente todos los productos que consume el pueblo, después de la trepada del 20% que se calcula que subieron en los últimos 100 días.

3. Hachazo
El dolarazo es un hachazo a los salarios, jubilaciones y planes sociales. Es parte del ajuste gubernamental. La clave para completar ese ajustazo, es que los salarios, jubilaciones y planes sociales pierdan la carrera con la inflación. Por eso, Kicillof pregona aumentos en las paritarias del 15 al 20%, cuando la carestía ya dejó atrás los aumentos del año pasado, y va para más del 40%. Se habla de un aumento, decretado por el gobierno, muy por debajo de la inflación, probablemente unido a postergar las paritarias.

Cómo se ha visto con Chevron, Milani, la negociación de la deuda de la dictadura con el Club de París, el pago de indemnización a Repsol, y ahora el dolarazo, Cristina Kirchner, Kicillof y Capitanich no le hacen asco a nada…, a nada que le haga pagar la inflación y la crisis al pueblo, arrodillando a la Nación.